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jueves, 12 de noviembre de 2009

Sophia Lyon Fahs: ¿Seguir ejemplos o ser íntegros?



"Una de las ironías trágicas de la historia es que genios tan creativos como Buda y Jesús hayan sido ensalzados como ejemplos perfectos que todos deberian emular. En la lucha misma para ser como alguien más, en vez de ser su verdadero yo, o de hacer su mejor esfuerzo en su propio ambiente, el niño está en peligro de perder la perla que realmente está más allá de cualquier precio: la integridad de su propia alma"

~Sophia Lyon Fahs (educadora religiosa liberal unitariana, 1876-1978)




viernes, 23 de octubre de 2009

Sean Dennison: La integridad de lo intermedio


[Este sermón relata mi historia y se llama 'La integridad de lo intermedio']

Revdo. Sean Dennison, ministro de la Sociedad Unitaria Universalista del Valle Sur, Ciudad del Lago Salado, Utah, EUA, 12 de marzo de 2006.


PRIMERA LECTURA:


La meta de un conocimiento que surge del amor es la reunificación y la reconstrucción de los egos y mundos rotos. Este amor no es una virtud suave y sentimental, ni un confuso sentimiento de aventura amorosa. El amor del que habla la tradición espiritual es un amor duro, el tejido conectivo de la realidad.

El acto de conocer es un acto de amor: el acto de considerar y aceptar la realidad del otro, el acto de permitir que el otro entre en –y acepte– nuestra realidad.

Esta es una de las nociones centrales de la experiencia espiritual: somos conocidos detallada y profundamente por el amor que nos creó y nos sostiene, conocidos como miembros de la comunidad…que depende de nosotros y de la que dependemos.
~Parker J. Palmer

SEGUNDA LECTURA:


Ésta no puede ser una vida fácil. Debemos tener en ella algún momento escabroso para mantener abiertas nuestras mentes y para mantenerlas profundas; para mantener nuestro sentido de la belleza y nuestra habilidad para crearla, así como nuestra capacidad ocasional para verla en lugares remotos, extraños y que no nos son familiares. Debemos tener en ella algún momento escabroso, todos nosotros, pues esta es la condición de la vida, y en esta condición podemos ayudar, puesto que podemos amarnos mutuamente.
~J. Robert Oppenheimer



SERMÓN:


Recuerdo cuando tenía unos 17 años de edad y una nueva familia se mudó justo a la casa de enfrente. Podía ver que tenían hijos como de mi edad y estaba llena de preguntas y de esperanza de que estos nuevos niños y yo nos hiciéramos buenos amigos. Quería atravesar corriendo la calle y bombardear con preguntas a la nueva familia. ¿Quiénes son? ¿De dónde son? ¿Cómo es allá? ¿Cuál es su sabor favorito de helado?


Al mismo tiempo, era demasiado tímida, y demasiado educada para no controlar este impulso. Sabía que tendría que esperar a que la nueva familia se estableciera y se revelaran ante mí y los otros vecinos, a su propio paso. Aún así, mi curiosidad era tan fuerte que me resultaba casi dolorosa. Pasó lo que me pareció una eternidad pero, finalmente, la nueva familia se presentó con nosotros, su hija Sara y yo nos hicimos las mejores amigas.


He aprendido algunas cuantas cositas desde que tenía 7 años. Una de ellas es que si quiero llegar a conocer a alguien, hay formas mucho mejores de hacerlo que montar mi propia inquisición personal. De hecho, una de las mejores maneras que he encontrado de llegar a conocer gente es abrirme y contar mi historia.


Ahora que, para cualquiera, contar su historia es una cosa arriesgada. Es por ello que mi madre me enseñó a dejar que la familia de la casa de enfrente se desenvolviera a su propio paso. Mi historia, también, es algo arriesgada y un tanto inusual. Me tomó algunos años atreverme a contarla por primera vez, e incluso más hacerlo desde el púlpito. Pero una vez que asumí ese riesgo descubrí algunas cosas maravillosas.


Cuando me permití darme a conocer, finalmente pude confiar en lo que dijo Parker Palmer que era cierto:


He aquí la noción más central de la experiencia espiritual: somos conocidos en detalle y a profundidad por el amor que nos creó y nos sostiene… conocidos como miembros de una comunidad que depende de nosotros, y de la que dependemos.

Ya no tengo que estar solo, temeroso, ni aislado. Eso resultó verdadero en un sentido espiritual para mí, pero también fue cierto en un sentido práctico. Lo que sucedió cuando comencé a contar mi historia a otros es que esos otros comenzaron a contarme sus historias. Y la profundidad y amplitud de mi comunidad creció.


He llegado a entender que una de las mejores cosas que puedo hacer, uno de los actos fundacionales del ministerio que puedo ofrecer a los unitarianos es contar mi historia. Desde luego, no puedo contarla completa –nos llevaría muchas horas y terminaríamos bastante hambrientos y desesperados. Pero puedo contar hoy la parte que es un tanto más inusual, que me ha enseñado más y que, literal y espiritualmente, me hizo ser quien soy hoy:


Soy transgénero.



Ahora que 'transgénero' es una palabra bastante nueva, y su significado no queda frecuentemente muy claro, ni siquiera para quienes somos descritos así. En mi caso significa dos cosas: que nací mujer y ahora soy hombre, y que honro esta jornada de vida siendo honesto en cuanto a mi experiencia como mujer y como hombre. Esto no es igualmente cierto para cada persona transgénera. Muchas de mis amistades transgéneras sienten que siempre pertenecieron a un solo género y que van cambiando, o cambiaron, sus cuerpos para hacerlos concordar con el género del que siempre se supieron parte. Esa es su jornada.



Mi jornada ha sido luchar para vivir en lo que Rita Nakashima Brock llama la 'integridad intersticial'. Ella describe esta clase de integridad desde su experiencia como mujer multirracial. Dice:


Lo intersticial se refiere a los lugares intermedios, que son lugares reales, como el fuerte tejido conectivo entre los órganos del cuerpo, que mantiene unidas a las partes. Esta intersticialidad es una forma de integridad… La integridad tiene que ver con estar completos, con que no nos falte, ni se nos haya quitado ninguna parte.

Este es el corazón de lo que significa mi historia, para ustedes y para mí. Mi vida es una jornada hacia la integridad y la compleción de quien soy, y una jornada que me permite ver dentro de dos mundos. Soy un hombre transgénero.


Esta historia comienza en un pequeño pueblo de Iowa, en el que nací y me crié. Mi familia tenía dificultades y estaba en un lugar difícil. A veces me describo como un poeta en una casa sin libros. Verdaderamente, el género no era una cuestión que contara la mayor parte del tiempo. Lo ignoré mientras pude y seguía la corriente cuando era absolutamente necesario. Me incomodaba eso que experimentaba como las trampas de ser niña –el color rosa, los holanes y volantes, así como la inacción frustrante– pero estaba segura de que todas las niñas odiarían esas cosas.


Pasé 30 años en Iowa, en el constante intento de ajustarme. Nunca lo logré del todo, pero construí amistades maravillosas (la mayoría de ellas en la fraternidad unitaria universalista local) con gente que me aceptaba como una mujer un tanto masculina que criaba un hijo pequeño como madre soltera.


Tenía 29 años cuando por primera vez me cuestioné sobre mi género. Leí la novela Stone Butch Blues de Leslie Feinberg y pude identificarme emocionalmente con el personaje principal, Jess. Me cautivaba la historia de la elección de Jess de vivir en el mundo como hombre, incluso a pesar de que era una historia terriblemente dolorosa. Aun a pesar de las tragedias en la vida de Jess, no pude evitar ver las posibilidades para mí. Por primera vez supe que era posible cambiar mi género.



Posteriormente ese año, el segundo libro de Leslie Feinberg, Guerreros transgénero fue publicado por Beacon Press [editorial de la Asociación Unitaria Universalista]. Le pedí que trajera un ejemplar consigo a un amigo que vino a Iowa a ayudarnos, a mi hijo y a mí, a mudarnos a California para iniciar el seminario. Nos lo leímos en voz alta en el camión en movimiento durante el viaje de 4 días a Berkeley; así llegué a darme cuenta de que las historias en el libro eran mi propia historia. Vi mi rostro en los retratos que Feinberg había reunido y vi mis preguntas, mis sentimientos y mi lucha en las historias de otras personas transgéneras. Comencé a preguntarme quién era en lo profundo del centro de mi ser.


Me conmocionó darme cuenta de que en lo profundo me sentía más como un chico adolescente que como una mujer adulta. Había pasado años intentando adaptarme a las diferentes identidades femeninas disponibles para mí, pero ninguna de ellas me quedó, dejándome con una gran frustración. Intenté cumplir con la visión cristiana fundamentalista de la mujer; intenté ser una buena feminista radical, había tratado de ser una buena madre, intenté ser una buena lesbiana, e intenté diseñar mi propia definición de mujer y vivirla. Pero leer las historias de otras personas transgéneras me hizo darme cuenta de lo que siempre había querido llegar a ser cuando creciera: un hombre. Me conmocionó y atemorizó la intensidad de ese deseo.


Una noche después de haberme establecido en nuestro nuevo departamento de Berkeley, tuve un sueño. Fue un sueño que había tenido muchas veces antes en el que trataba de vislumbrar algo de mi reflejo en un espejo, pero sin importar cómo me retorciera y volteara, no podía ver mi rostro. Lloraba y luchaba por estirarme y contorsionarme hasta alcanzar alguna posición en la que pudiera verme, pero nunca lo lograba. Sin embargo, ésta vez en el sueño escuché una voz que me decía, “Mueve el espejo”. Así que me estiré y tome el espejo entre mis manos y le di una vuelta completa. Allí, en lo que debía haber sido el reverso inútil del espejo había un sueño duro –duro, puesto que me llamaba a tomar una decisión sobre mi vida. ¿Me quedaría dentro de la cajita marcada “F” –por femenino– debido a mi nacimiento, o viviría lo que sentía verdadero y real para mí? ¿Escogería vivir con integridad?


La parte más difícil de esta decisión, aparte de bregar con todos los sentimientos que suscitaba en la gente que amaba, era la sensación de que tenía que escoger masculino o femenino. Había pasado 30 años como mujer, seis de ellos como madre, y ahora sentía que se suponía que negara todo ello y que viviera como otra clase de criatura –un hombre. Todo o nada. La cajita marcada “F”, o la marcada “M.”


Mi vida no tiene que ajustarse a esas cajas. Mi género no es tan simple. Tan duro como había sido tratar de escoger uno o el otro, lo que es verdad para mí es que soy de ambos. Es más cómodo y más auténtico para mí moverme por el mundo como hombre. En mi más profundo conocimiento de mí mismo, un rostro masculino, un cuerpo masculino y una identidad masculina se sentían verdaderos. Cuando pienso en mí o me describo, es como hombre.



Al mismo tiempo, viví 30 años de mi vida como mujer. Sé lo que es ser mujer en esta sociedad. Sé cómo es ser vulnerable a un asalto sexual, que se espere que seas más maternal que ambiciosa, lo que es ser una madre soltera que luchaba por cumplir sus objetivos. No puedo descartar así como así ese conocimiento, ni pretender que esos 30 años habrían sido un error.


No puedo elegir un lado de mí por encima del otro. Elegir sería como estar dispuesto a dejar que una parte de mí se marchite y muera. Negar que vivo en un cuerpo que nació mujer y que viví como mujer 30 años sería igual de doloroso que lo que fue vivir en la negación de mi conocimiento de mí mismo como hombre.



En el proceso de comprender esto usé muchos recursos. Aprendí mucho sobre la historia transgénera. Aprendí que en el pasado, uno no podía atravesar por el escrutinio del sistema médico a menos que uno hubiera creado algo llamado una 'historia plausible'. Una historia plausible para mí habría sido una historia creada sobre mi vida como niño, adolescente, y hombre joven. En resumen, habría sido una mentira. ¡Pero no hice todo esto para vivir una mentira! Hice esto para decir la verdad sobre quién soy.


Cuando Rita Nakashima Brock escribió sobre la integridad intersticial, me mostró que entiende algo que era vital para mí. Entiende lo que se siente que las categorías sean demasiado pequeñas y demasiado poco imaginativas para sustentar su vida. Y lo que llama integridad intersticial es un acto de resistencia –un acto liberador– en un mundo que busca confinarnos en una visión sobresimplificada de lo que es ser humanos.


Hay muchas razones por las que esta sociedad quiere que seamos completamente cuantificables. Pues para el mercado y el análisis estadístico, sería mucho más fácil si fuéramos digitales –es decir, que cada detalle de nuestras vidas fuera codificable como un ‘1’ o un ‘0’, una ‘F’ o una ‘M’, un nosotros o ellos. Para que seamos realmente buenos consumidores de esta cultura, debemos estar dispuestos a hacernos lo suficientemente pequeños para caber en sus cajitas en todos los formatos.


Es útil para la gente que valora las ganancias, la eficiencia y los balances contables tener cajas y categorías para colocarnos. Pero los seres humanos y nuestras vidas somos mucho más que eso. Cuando Rita Nakashima Brock señala y nos hace saber que, “los lugares intermedios… son lugares reales” me recuerda la belleza, la fuerza y la absoluta necesidad de todo lo que yace entre las cajitas de esta cultura.


La integridad intersticial es el corazón de mi historia. Los músculos, los tendones, los ligamentos y las fibras que nos mantienen unidos en un solo cuerpo son la fortaleza y la substancia real de ese cuerpo. Sin ellos seríamos tan sólo montones de huesos. Es un acto de valor y un acto de liberación recordar todo lo que somos. Recordar significa ser concientes de todas las partes de nosotros mismos que son demasiado complejas, demasiado desordenadas, demasiado sólidas para ser encuadradas en las cajas imaginarias. Reivindicar estas partes de nosotros es una labor de integridad y la integridad es una de las cosas que como individuos, y como sociedad, necesitamos más.


No es necesario ser transgénero para saber lo que se siente ser aplastados dentro de un rol o una caja incómoda o dolorosa. Este es el corazón de todo movimiento por la justicia social. Las mujeres saben lo que se siente ser definidas de maneras que no sustentan su fuerza y su valor. Cualquiera cuya piel no sea blanca sabe lo que se siente estar limitados por las definiciones de los otros sobre su lugar y su poder en el mundo. La gente guei, lesbiana o bisexual sabe lo que es que te hagan pequeño a través del prejuicio y que te definan sólo por una pequeña parte de todo tu ser. Todos lo sabemos. Incluso los hombres blancos heterosexuales con cuerpos saludables y mentes fuertes conocen el dolor de ser juzgado y limitado por las presuposiciones de los otros.



Uno no tiene que luchar con cuestiones de identidad para entender cómo se siente estar en medio. Todos experimentamos momentos intermedios. Momentos en que no estamos seguros de corresponder a un lugar o a otro. Momentos en los que el cambio nos toma por sorpresa, y nos deja un poco conmocionados y desorientados. Estos son momentos intermedios, y pueden ser difíciles, aunque los lugares y momentos intermedios también son increíblemente bellos. Llenos de posibilidades y de energía creativa. Hay lugares y momentos en los que hemos de tomar nuevas decisiones sobre nuestras vidas. Podemos recrearnos, renovar nuestra visión y nuestra esperanza.


Cuando trato de expresar el poder y la belleza de lo intermedio me inspiran el esplendor y la belleza del amanecer, así como la silenciosa tranquilidad del ocaso. En estos momentos, entre la noche y el día, nuestra visión se ajusta, nos damos tiempo para prepararnos para lo que sigue, y disfrutamos la belleza de lo que es. El crepúsculo es un momento real, un bello momento, y un momento necesario. No creo que ninguno de nosotros prefiera que la noche se torne día sin ninguna transición, como si alguien accionara un interruptor gigante. El impacto y el deslumbramiento sería excesivo.


Hay algo necesario y especial en lo intermedio. Cuando veo el mundo y veo la maldad, es frecuentemente en la forma de una dualidad reforzada. Somos nosotros. Son ellos. Los hombres son de Marte. Las mujeres son de Venus. La gente blanca es de una forma; la gente de color, de otra. Cuando imaginamos un mundo en el que fluya como agua la justicia, veo que esa inundación se lleva consigo las categorías y nos deja con el desorden intermedio, juntos, como seres humanos. En una de mis lecturas favoritas de nuestro himnario, Judy Chicago lo imaginó así:


Y entonces todo lo que nos había dividido nos fusionará
Y entonces la compasión se casará con el poder
Y entonces la suavidad llegará a un mundo que es áspero y grosero
Y entonces, tanto los hombres, como las mujeres serán amables
Y entonces, tanto los hombres, como las mujeres serán fuertes
Y entonces nadie estará a merced de la voluntad de otro
Y entonces todos serán ricos, libres y variados
Y entonces la avaricia de algunos dejará lugar a las necesidades de muchos
Y entonces todos compartirán con igualdad la abundancia de la Tierra
Y entonces todos cuidaran a los enfermos, a los débiles y a los viejos
Y entonces todos nutrirán a los jóvenes
Y entonces todos apreciaran a todas las criaturas vivientes
Y entonces todos vivirán en armonía entre sí y con la Tierra
Y entonces todos los lugares serán llamados Edén de nuevo.

Que así sea. Ashé. Benditos sean y Amén.






Sean Dennison: La integridad de lo intermedio -

miércoles, 25 de junio de 2008

La integridad del orgullo


Por el Revdo. Sean Parker Dennison
8 de junio de 2008 (Trad. Francisco J. Lagunes G.)
Sociedad Unitaria Universalista del Valle Sur
6876 South Highland Drive (2000 East)
Salt Lake City, Utah 84121
801-944-9723, svuus@xmission.com





Palabras de apertura
Revdo. Walter Royal Jones Jr.

Concientes de que la verdad siempre excede a nuestro conocimiento
Y de que la comunidad siempre excede a nuestra práctica,

Reverentemente nos reunimos bajo un pacto,

Que parte de nosotros mismos tal y como somos,

Para compartir la fuerza de la integridad

Y la herencia del espíritu
En la búsqueda sin fin de sabiduría y amor.



Meditación

Espíritu de Vida, Fuente de Belleza, Gran Misterio,
En esta bella mañana damos gracias.

Damos gracias por este precioso día. Sabemos que cada día es importante. Ayúdanos a recibir este día con reverencia, con alegría, deliberadamente. Ayúdanos a usarlo plenamente, a encontrar lo que sea que la vida haya puesto en nuestro camino.

Si la vida ha traído aflicción, ayúdanos a tener un buen penar. Ayúdanos a reconocer la profundidad de nuestro dolor y a no ocultarnos de su ternura. Pues sabemos que nos afligimos cuando hemos amado. Nos afligimos cuando nos hemos permitido albergar esperanzas. Penamos cuando hemos perdido algo precioso. Ayúdanos a penar honestamente, y a transitar a través del dolor hacia la sanación.

Si la vida nos ha traído gozo, ayúdanos a celebrar bien. Ayúdanos a detenernos y a darnos cuenta de las bendiciones que nos han sido dadas y a reconocer todo cuanto ha contribuido a hacerlas posibles. Ayúdanos a que la gratitud prospere en nuestros espíritus y enséñanos a ser generosos a cambio. Ayúdanos a celebrar honesta y graciosamente, en el conocimiento de que la vida es un don.

Si la vida nos ha traído confusión, ayúdanos a aprender bien. Ayúdanos a resolver el embrollo de hebras que parecen un nudo ciego. Ayúdanos a hacer la paz con el misterio, mientras buscamos sabiduría. Ayúdanos a liberarnos del miedo, a nutrirnos de las semillas de la fe que yacen en cada momento de confusión. Ayúdanos a recordar que la búsqueda puede, en sí misma, ser una respuesta.

Si la vida nos ha traído aburrimiento, ayúdanos a escapar de la ilusión de pequeñez. Expande nuestras mentes y espíritus hasta que podamos imaginar mil maneras de ser bondadosos, mil cosas que podamos hacer para mejorar la vida, para nosotros o para alguien más. Ayúdanos a ser osados al decidir qué hacer con este día.

Si la vida nos ha traído demasiado por hacer, demasiado por sostener, demasiado para manejar, ayúdanos a encontrar un espíritu de calma entre todo ello. Ayúdanos a recordar que hemos de nutrir la paz de la mente, así colmo la paz de nuestros hogares y del mundo. Recuérdanos ir más despacio, centrarnos y estar presentes para lo que de verdad importa.

En esta bella tarde, nos tomamos el tiempo para agradecer. Sabemos que el hoy es importante. Ayúdanos a encontrarlo con reverencia, con alegría, deliberadamente. Ayúdanos a usar el hoy plenamente.

Amén. Ashé. Y bendita sea.


Lectura
de "La Gueidad del Alma", entrevista con James Broughton (1913-1999)

Cada vez que salgo lastimado, cada vez que me estremezco, cada vez que lloro, cada vez que río a carcajadas, mi alma zumba. Se flexiona con mis deseos y respuestas, mis anhelos y achaques. Obra en mi corazón, en la profundidad de mis entrañas y en mis genitales. Mi alma me enreda en fantasías y en emociones sorprendentes. Es el campo de juego de mis instintos. Las negaciones la lisian, las denuncias la tensan en una mueca... No quiere jugar a la segura, estar asegurada, o pensárselo dos veces. Quiere aventarnos, arriesgarlo todo y tener esa experiencia... No cometas el error de Adán. Escoge el gozo, no la razón.

"Quienes vean alguna diferencia entre el alma y el cuerpo es que carecen de ambos" dijo Oscar Wilde. El alma se expresa a sí misma a través del cuerpo, en sus miembros, órganos, nervios y células, en todas las acciones del deseo y la osadía... cada vez que te duelas y donde sea que te eleves. En cada parte y lugar de ti mismo puede encogerse y estirarse, exudar y zumbar, al experimentar los placeres y dolores de estar vivo. El cuerpo es un lugar santo de retozo y renovación. No es la cloaca vergonzosa en la que insisten las religiones ortodoxas. Novalis dijo; "Hay solo un templo en el mundo, y ese es el cuerpo humano". Desde la punta del pie hasta la coronilla, das latidos de vida en la danza incesante del misterio...Somos, cada uno de nosotros, todo un universo entero aquí y ahora; cada uno somos un Cuerpo de Dios.

La gueidad no tiene barreras de género. ¿Acaso el gozo no está disponible para todos? No condono la heterofobia más que cualquier otro prejuicio. Me incomoda la dicotomía entre ellos y nosotros. Creo en el potencial para la redención de todas las... almas. Busca lo que es bello en la gente, a pesar de las apariencias en sentido contrario. Busca la resplandecencia detrás de cada máscara y de cada rostro. Aunque puedas no estar inclinado a creerlo, cada ser humano es tan divino como tú.


Sermón

Como suele suceder los domingos del Desfile del Orgullo, somos pequeños en número quienes nos congregamos en la iglesia. Muchos de nuestros integrantes, gueis, lesbianas, bisexuales, transgéneros y heterosexuales están marchando en el desfile del orgullo GLBT. Cada tercer año yo también marcho. Pero este año me toca estar aquí y predicar sobre el tema del Orgullo y específicamente, predicar sobre por qué nosotros, como unitarios universalistas, hemos apoyado los derechos y el orgullo guei, lésbico, bisexual y transgenéro.

Este año hemos tomado prestado el concepto de Orgullo como el tema focal para todas nuestras actividades del mes. La semana pasada hablé un poco sobre el orgullo y sobre cómo puede ser algo positivo en la vida de cualquiera. Hoy quiero hablar más específicamente sobre el Orgullo como una poderosa herramienta política y personal. Quiero explorar con ustedes lo que tenemos que aprender del Orgullo Guei.



La mayoría de nosotros hemos sentido el poder de la vergüenza en nuestras vidas. La vergüenza y la violencia son las dos más poderosas herramientas de control social que existen en las comunidades humanas. Se utilizan para mantenernos alineados, para mantenernos tranquilos, para violentar nuestra autoestima y derrotar nuestro sentido de fuerza. Usualmente, la vergüenza viene primero y por lo general basta para mantenernos alineados. Los niños pequeños sensibles, de corazón tierno y creativos suelen ser los primeros en sentir los efectos poderosos de la vergüenza. Puede comenzar sutilmente, pero muy rápidamente todos los niños aprenden que si lloran o ríen demasiado, o si prefieren los juegos de solidaridad y cooperación a los de competencia, o si son más empáticos que rudos, sentirán el poder del dolor y la vergüenza.

Las niñas, desde luego, también lo sienten —aunque hay un poco más de espacio en nuestra sociedad para las marimachos. Aunque, si a una niña no le importa su apariencia, o si quiere reconstruir un motor en vez de dedicarse a porrista, o si prefiere los robots o la pesca a las princesas de Disney, también conocerá pronto el poder del dolor y la vergüenza.

Y no olvidemos a los niños que no encajan en absoluto en la dicotomía de género. Quienes no pueden llenar cómodamente una de las cajas de género en los formularios —sienten el poder y el dolor de la vergüenza cada día y, tristemente, frecuentemente se aconseja a sus padres, e incluso se les urge, a ser los primeros en avergonzar a sus hijos con la intención de así obligarlos a conformarse al género asignado.

La vergüenza está en todas partes si eres guei. Al caminar por las calles todos los días, escucho a los niños decirse los unos a los otros, "Eso es tan guei". Y no se refieren al sentido original de la palabra inglesa 'gay' como, 'alegre' o 'despreocupado'. Ellos quieren decir 'estúpido', o 'desagradable', o 'incómodo', o 'inaceptable'. En la cultura popular, "Eso es tan guei" es el insulto definitivo. Pero la vergüenza no es siempre tan evidente. Con la edad, tendemos a ser un poco más sutiles. Por ello mis amigos adultos no dicen, "Eso es tan guei".

En vez de ello, se preguntan por qué la gente guei es tan obvia —tan "poco discreta"— sobre ser guei. Se preguntan por qué no podemos simplemente callárnoslo. Es decir, ¿por qué necesitamos un desfile y usar camisetas alusivas y hablar sobre nuestras vidas y experiencias todo el tiempo?



El Revdo. Mark Belletini fue uno de nuestros primeros ministros UU abiertamente guei. Al graduarse del seminario, pasó una temporada verdaderamente dura para colocarse en una congregación que fuera capaz de verlo como el maravilloso ministro que es, en vez de sólo mirarlo-y-temerlo como hombre guei. Posteriormente, al encontrar un lugar para ejercer su ministerio, escribió esto:


Estudios lésbicoguei 101

Así que uno de los integrantes
del comité de búsqueda ministerial me dice

"¿Pero por qué es que su gente...?"

realmente dijo él: "su gente"

"¿...tiene que hablar sobre ello?"

Bien.

Bueno, debido a que:

Porque me siento enamorado,

¿Sabes?, con sonetos y toda la cosa,

y quiero nombrar a todas las estrellas del cielo

una cada vez, con una sonrisa tonta en mi cara

Quisiera poder hacerlo.

Porque, si no me enamorara,

me gustaría un poco más refunfuñar y quejarme,

o desarrollar una teoría resentida e implacable

para explicarlo.

Porque, si mi amante fuera atropellado

por un conductor ebrio

(sucede, ¿sabes?,

¿recuerdas a Stewart el de ojos azules?)

me gustaría poder tomarme unos pocos días del trabajo

para llorar y esas cosas, ¿está bien?

Porque, si mi compañero-de-vida

con quien no puedo casarme legalmente porque

esto le cae mal al estómago de alguien o algo así,

súbitamente presentara una infección

y tuviera las llagas de Job por todo su cuerpo

Y tuviera que ir al hospital

(tú sabes, justo como mi amigo Stephen)

Me gustaría llevarlo ahí

y sostener su mano algunos días

y aun contar con un pago de ausencia por emergencia familiar

que me permitiera comer y pagar la renta y todo lo demás...

Porque mentir todo el tiempo sigue sin ser correcto, ¿no es así?

Oh, y porque,

lo creas o no,

mi vida es igual de importante para mí

que lo que la tuya lo es para ti.


La vergüenza es una forma poderosa de mantener calladas y aisladas a las personas. Cuando alguien como Mark habla, interrumpe esta situación. Cuando miles de 'alguienes' marchan bajo ristras de globos con los colores del arco iris justo por las principales calles de la Ciudad del Lago Salado, esto ayuda a irrumpir entre los estratos de vergüenza que intentan con toda su fuerza sofocar al espíritu.

Por ello sé que todos podemos aprender algo importante del Orgullo Guei: debido a que la vergüenza no está reservada en nuestra cultura a la gente que es guei. La vergüenza es soltada sobre cada uno de nosotros cada vez que somos o parecemos un poco 'raritos' ['queer'] —cada vez que dejamos de esconder el hecho de que somos diferentes de alguna manera a lo que establecen las normas que nos rodean. El mensaje de la vergüenza es 'mejor no dejes que nadie lo sepa'. La vergüenza arranca a las personas una parte de sí mismas. La vergüenza nos convence de que deberíamos escondernos, contenernos y nunca dejar que nadie sepa que no somos exactamente iguales a los López, los Pérez y a todos los demás. Y ese ocultamiento y contención —y especialmente el sentido profundo de ser inadecuados que surge de ambos— daña al espíritu humano.

Diré eso de nuevo, porque pienso que es vitalmente importante. La vergüenza daña al espíritu humano. Ataca a la gente en la parte más profunda de su ser y la convence de que no es valiosa, ni importante, ni suficientemente buena, ni aceptable tal como es. Y esto está en contradicción directa con lo que nosotros, como unitarios universalistas, consideramos cierto. La vergüenza es incompatible con nuestra afirmación de la valía y dignidad inherente a cada persona. De hecho, la vergüenza destruye esa dignidad.

Por ello todos tenemos algo que aprender del Orgullo Guei. Por ello debemos escuchar de cerca a cualquiera que haya encontrado la fortaleza para permanecer de pie y reclamar su dignidad, encarando a la vergüenza.



Porque de lo que trata el orgullo —el Orgullo Guei, o cualquier clase de orgullo saludable— es de la integridad. La integridad que junta todas las piezas de nuevo y dice, 'Todo lo que soy está bien'. Uno de mis colegas, el Revdo. Keith Kron, predica un sermón que inicia describiendo la doble vida que tuvo que llevar como maestro de escuela pública y guei. Entonces, hacia el final del sermón, bendice a los oyentes al desearles una-sola-vida, una vida completa con integridad.

Cuando alguien como James Broughton irrumpe por entre la vergüenza para escribir las palabras que hemos escuchado en nuestra lectura, deberíamos escucharlo. Puesto que en su tránsito de la vergüenza al orgullo, no se quedó allí. No dijo solamente algo como, 'Estoy orgulloso, ahora quítense de mi camino'. Sus palabras muestran que llegó a entender una de las grandes lecciones espirituales. Se dio cuenta de que cada persona es divina, que cada persona es un universo completo aquí y ahora, que cada persona cuenta y es sagrada. Entendió la lección de la integridad y la compasión —lecciones entretejidas y reveladas en la jornada desde la vergüenza hacia el orgullo.



El Revdo. William Sinkford, presidente de la Asociación Unitaria Universalista de Congregaciones (UUA), quien estuvo con nosotros hace unas pocas semanas para celebrar, dice esto:

Conocemos por nuestra propia experiencia las muchas bendiciones que la gente guei y lesbiana trae a nuestras comunidades y congregaciones. Sabemos por nuestra experiencia vivida en la comunidad religiosa que las diferencias de fe, de raza y de orientación sexual no han de dividirnos necesariamente, que la diversidad dentro de la familia humana puede ser una bendición y no una maldición. Los unitarios universalistas afirmamos que es la presencia del amor y del compromiso lo que valoramos. Para los unitarios universalistas, la homofobia es el pecado, no la homosexualidad.


Es la presencia del amor lo que valoramos —y es la presencia del orgullo la que permite a la gente amarse a sí misma y amar a otros con integridad y honestidad. Esto es lo que tenemos en común con cada una de las personas que marchan por el centro de la ciudad esta mañana: marchan por la integridad, por el amor y por el orgullo. Que nos unamos en espíritu y en la lucha para abrir espacio a más amor en nuestras comunidades.



En las palabras de la Revda. Kendyll Gibbons:

Llegará un momento —para romper el silencio
Llegará un momento —para ir más allá del miedo

Llegará un momento —para decir la verdad propia, incluso si no es bien recibida

Llegará un momento —para poner en cuestión lo que antes ha sido; para resistir el peso del pasado

Llegará un momento —para cantar una nueva canción.

Para una forma diferente de ser.

Para reclamar el poder.

Llegará un momento —en el que la verdad finalmente nos liberará.

Un día, bendito, en el que la mentira ensayada morirá en nuestros labios.

Y la verdad se volverá más preciosa que ella misma, y que sus pretendidos fines.

Llegará un momento —en el que de alguna manera el coraje nos encuentre, o nosotros encontremos el coraje.

Y nos atrevamos a saber quiénes somos y lo que amamos.

Llegará un momento —en el que los amigos estarán ahí.

Y nos sostendrán tan gentilmente en su amor.

Y de repente, finalmente, lo imposible será posible,

Y cruzaremos al otro lado de cualquier esclavitud que nos haya apresado.

Llegará un momento —en el que la verdad finalmente nos liberará.

Y en ese momento tendrá lugar la salvación del mundo.

Que así sea. Que seamos quienes lo hagamos.
Amén. Ashé. Y bendita sea.



Palabras de Cierre
Por el Revdo Frederick E. Gillis

Que el amor que sobrepasa todas las diferencias,
que sana todas las heridas,

que manda a volar todos los miedos

que reconcilia a todos los que están separados,

Esté en nosotros y entre nosotros
ahora y siempre. Amén.