miércoles, 17 de junio de 2009

Parados sobre un solo pie: Un 'catecismo' Unitario Universalista

Dado por el Revdo. Richard S. Gilbert en la Primera Iglesia Unitaria de Rochester, Nueva York, 15 de octubre de 2000 (Trad. Fco. J. Lagunes Gaitán

http://www.rochesterunitarian.org/2000-01/20001015.html

Hay un viejo relato en la tradición judía sobre el hombre [un gentil] que le pidió al rabino Shamai (50AEC-30EC) [rigorista, de la escuela farisea halájica con la que Jesús solía debatir] que le enseñara el judaísmo parado sobre un solo pie. Shamai, notoriamente impaciente, se desentendió del hombre echándolo con cajas destempladas. Luego el hombre fue con el gran rabino Hilel el Viejo (Hillel Ha-Zaquen, 70AEC-10AEC) y le hizo la misma solicitud. Parado sobre un solo pie, el gran rabino Hilel le respondió: «No hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran. Esa es toda la Torá; el resto es comentario. Ahora ve y enseña esto».

Esa historia sugirió una reflexión similar: ¿cómo responder si nos piden que definamos al Unitarismo Universalista? ¿Cómo hacerlo cuando nos lo piden en el dispensador de agua potable en el trabajo [en una conversación más personal]? ¿Y qué tal en una cena con vecinos? ¿O quizás al platicar con nuestros amigos aquí mismo, en la iglesia Unitaria Unversalista? ¿Cuál es la esencia de nuestra fe religiosa liberal —y más aún— cómo la articulamos? ¡De manera breve! Es muy probable que nos sintamos incómodos. Es casi como si nos hubiesen pedido que nos desnudemos en público.

No tenemos credo o dogma; no leemos un texto definitivo; no reverenciamos a ninguna autoridad; no subscribimos ningún catecismo —es decir, un manual de instrucción, en forma de compendio popular de preguntas y respuestas entre maestro y alumno, para la adoctrinación dentro de un sistema particular de fe y costumbres.

Mi primer contacto con un catecismo fue al viajar en el autobús escolar durante mis días de secundaria. Dos pequeños católicos romanos estudiaban un libro de catecismo cuando iban hacia la escuela y de camino a su casa, y yo lo leía por sobre sus hombros. Como soy Universalista de nacimiento me desconcertaba, tanto por su forma, como su contenido. No sólo no podía reivindicar esas palabras, sino que me preguntaba qué posible significado podrían tener para los niños, si es que podían comprender algo del dogma al que se vinculaban.

Esto me recuerda un relato. Un sacerdote había asignado como tarea a sus alumnos de la clase de catecismo que cada uno se aprendiera una respuesta a una de las preguntas que se les harían en la ceremonia de confirmación. Un niño no había asistido ese día, así que a la pregunta del sacerdote "¿Quién te hizo?" el siguiente niño de la fila dijo: "El niño que hizo Dios está enfermo el día de hoy".

La fe de los unitarios universalistas, a diferencia del catecismo, es una fe que no se basa en un credo y que se forma como producto de la mente libre y de la conciencia de los individuos en una comunidad religiosa, que tratan de discernir los sentidos últimos y los valores de la vida. No ha de tolerar ningún credo grabado en piedra, ni ningún credo indeleble.

Nos enorgullecemos de vivir con las preguntas, de no estar demasiado apurados para proclamar respuestas fáciles a las preguntas difíciles. Hemos dicho que "el método es el mensaje", la manera en que formamos nuestras creencias dice mucho sobre nosotros. Podría decirse que "el proceso es nuestro producto más importante" —el cómo de nuestra creencia es tan importante como el qué. He llegado a la conclusión, sin embargo, de que insistir en la pregunta, el proceso y el cómo de nuestra creencia es una condición necesaria, pero no suficiente, para esbozar una filosofía religiosa. No basta para hacer preguntas profundas; no es suficiente para desarrollar una metodología religiosa; no es suficiente hablar del cómo, si excluimos el qué.

Describirnos sólo en términos del proceso podría ser como una excusa para evadir la responsabilidad del trabajo disciplinado de elaborar nuestro pensamiento hasta llegar a algunas conclusiones, aunque fueran muy tentativas. Creo que por lo menos necesitamos algunas preguntas y respuestas provisionales, un mensaje substantivo para el mundo; que nuestro proceso conduzca a un producto.

Una pregunta sin respuesta, un método sin mensaje, un proceso sin producto, sería como escalar la montaña y no disfrutar la vista; como pintar un cuadro y no colgarlo en la pared; como escribir la partitura de una pieza musical y nunca interpretarla. Tenemos nuestra declaración de Principios y Propósitos, desarrollada de la manera típicamente democrática Unitaria Universalista por un comité que solicitó las aportaciones de cientos de congregaciones y de miles de personas de toda Norteamérica. Finalmente, se adoptó por votación en al Asamblea General de 1985 de la Asociación Unitaria Universalista de Congregaciones (UUA).

Ha ejercido una influencia poderosa sobre nosotros y sobre nuestra capacidad para articular quiénes somos. Un colega me platicó una vez de un miembro de la congregación que en cierta ocasión caminó hacia él al terminar el servicio, señaló hacia los principios y propósitos colocados en la pared y dijo, "Leí ese cartel la primera vez que vine. Expresa lo que yo creo. Supe que estaba en casa".[1]

Estos Principios y Propósitos no son una especie de prueba de credo para llegar a ser miembros. Más bien son un pacto, una alianza —un conjunto de promesas mutuas que describen la clase de comunidad religiosa que aspiramos a ser. No substituyen a las afirmaciones teológicas específicas. Todavía es imperativo ser capaces de articular la naturaleza de nuestra fe. Debemos hacer algo mejor que lo que señala el caricaturista Jules Feiffer cuando dice: "Creo en mí mismo; aparte de eso hay mucho espacio para la duda."[2]

Así pues, todo me lleva a compartir mi propia confesión de fe como Unitario Universalista. Está en la forma de un catecismo —con sus preguntas y respuestas (provisionales, pero importantes). Y aunque no estoy dando este sermón parado sobre un solo pie, cualquiera de estar respuestas puede pronunciarse completa parados sobre un solo pie —siempre que uno esté en buena forma espiritual. Así que, si hubiese un catecismo Unitario Universalista, pienso que podría sonar como este:

¿Qué es la religión?

'Religión' significa atar las hebras deshilachadas de nuestro ser —reunir a una humanidad rota. Es un núcleo de sentidos últimos, valores y convicciones hacia los que comprometemos nuestra vida. Es un conjunto particular de opiniones y el punto de partida desde el que entramos a nuestra existencia cotidiana.

¿Qué significa 'unitario'?

Teológicamente, 'unitario' es quien crea que Dios es uno; históricamente se trata de una negación de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). 'Unitario' se refiere a también a una realidad cósmica que se mantiene unida por la Ley Natural, por contraste con lo sobrenatural. Todo es naturalmente divino y está embebido del poder del ser.

¿Entonces cuál es el significado de Jesús?

Jesús fue un profeta judío del primer siglo —un maestro moral y espiritual que invitó a hacer el bien. Buscó reformar al judaísmo de su día e insistió en sus dimensiones morales y espirituales, más que en sus ceremonias. Aunque su mensaje fue diseñado para la sociedad agraria del siglo I, el espíritu de sus enseñanzas y su vida ha inspirado a la gente a lo largo de las épocas, y nos sigue conmoviendo hoy en día. Debido a que era una amenaza para los poderes establecidos, tanto políticos, como religiosos de su día, fue crucificado.

¿Crees en el nacimiento virginal y en la resurrección? ¿Qué hay de la Navidad y la Pascua?

El nacimiento virginal y la resurrección física son parte de la mitología creada para deificar a Jesús y desafían todas las leyes naturales. Con mucho gusto celebramos la Navidad como un símbolo de que cada noche en la que nace un niño es una noche sagrada, y la Pascua como testimonio del coraje de un profeta solitario cuya vida fue breve, pero cuyas enseñanzas son inmortales.


¿Hay vida después de la muerte?

No sabemos y no podemos saberlo. Muchos entre nosotros dudan de que tal cosa exista, pero no nos cerramos mentalmente a los intentos serios de entender el proceso de muerte. Afirmamos la inmortalidad por influencia: quienes han vivido bien siguen vivos en los corazones de aquellos que tocaron. No tenemos tiempo para tales averiguaciones, pues estamos demasiado ocupados con esta vida como para preocuparnos por una vida futura. La pregunta más importante es: ¿Hay vida después del nacimiento?

¿Y qué hay del cielo y el infierno?

El cielo y el infierno son creaciones míticas de los pueblos antiguos. No necesitamos pensar en una recompensa celestial, ni en un castigo infernal para motivarnos a ser buenos y hacer el bien. Nuestros cielos e infiernos están aquí en la tierra y son de nuestra hechura. Son estados del alma. El Cielo es la participación en la Comunidad Bienamada; El Infierno es la indiferencia hacia nuestros vecinos.

¿Qué significa universalismo?

Históricamente el universalismo se refiere a la salvación universal —la armonía final de todas las almas con Dios. Fue una reacción hacia la teología calvinista en la que algunos estarían predestinados al cielo y otros al infierno. Los universalistas creyeron en un Dios amoroso quien finalmente restauraría a toda la gente al estado de gracia. Éticamente, el universalismo se refiere a nuestra responsabilidad por la familia humana de la que todos somos miembros. Alguien dijo a los primeros universalistas: "¡Están sentados sobre la mayor palabra de la lengua inglesa; así que hagan algo acorde con ella o bájense!"

¿Crees en la salvación? Si es así, ¿qué es?

La salvación significa la salud o integridad del ser. No aceptamos la salvación como el acto gracioso de un Dios omnipotente que nos redimiría del pecado. Es la lucha por la integridad del ser humano —la generosidad de espíritu, la profundidad de sentido, la responsabilidad de la acción. La salvación no es un acontecimiento único, sino un peregrinaje de la cuna a la tumba en el que incrementamos y maduramos nuestra capacidad de amar y de sentir. La salvación no es la intervención milagrosa de una deidad en un momento mágico, sino la labor humana de toda una vida (mi pie se me cansó bastante con esta respuesta).

¿Qué hay de la naturaleza humana? ¿Crees en el pecado original?

Ni la naturaleza humana estaría manchada al nacer con un pecado original del que debiera ser expurgada, ni habríamos nacido como salvajes nobles que seríamos corrompidos por una sociedad malvada. Nacimos con una libertad finita. Por una parte, somos criaturas egoístas que pensamos que seríamos el centro de la creación. Por la otra, podemos trascender ese egoísmo idiota y expandir nuestros intereses para incluir a nuestros vecinos. Somos contradicciones fascinantes —la "gloria, burla y enigma del mundo".

¿Crees en el pecado?

El 'pecado', en las escrituras hebreas significa 'no acertar al blanco' o 'quedarse cortos'. Constantemente nos quedamos cortos —al hacer lo que no debemos y no hacer lo que deberíamos. Somos nuestro propio problema más desconcertante y nuestra propia esperanza final. No somo ni pecadores a merced de un dios iracundo, ni santos a merced de uno amoroso. Somos, tanto santos, como pecadores, pero lo que es más importante, somos buscadores.

¿Crees en Dios?

Creemos en el poder que crea, sostiene y transforma —una creatividad cósmica que es el poder detrás del mundo natural de los planetas y las flores, de las piñas del pino y de los fotones. Sostiene nuestra existencia misma, pero no tiene favoritismos; es indiferente a nosotros como criaturas —la lluvia cae sobre justos e injustos. Algunos entre nosotros personalizan este poder en la oración; otros no; pero nos sostiene a todos sin importar nuestra teología.



¿Cuál, entonces, es la fuente de autoridad en la religión?

Nuestra fuente final de autoridad es y debe ser nuestra propia conciencia. No podemos proclamar que estaríamos en posesión de la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Debemos ser dueños de nuestras decisiones y vivir nuestras vidas de acuerdo a las mejores dudas que tengamos. No estamos solos religiosamente, pues vivimos en una comunidad de personas que, tanto nos sostienen, como nos desafían.

¿Qué hay de la Biblia como fuente de la verdad?

La Biblia, con sus escrituras judías y cristianas, es un vasto y valioso compendio de sabiduría e insensatez humanas reunido por un periodo de siglos. Las encantadoras leyendas de la creación, la poesía del salmista, la perspicacia de los Proverbios y del Eclesiastés, el celo de los profetas, la imaginación moral de Jesús, y la elocuencia de Pablo son un recurso rico. Se trata de un libro humano, sin embargo, condimentado con lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. No es la palabra de Dios para la humanidad, sino la palabra de la humanidad sobre su entendimiento de la humanidad y la divinidad, y dónde es que se juntan ambas en la vida humana. Hay otras escrituras religiosas que también podríamos consultar. Las exigencias éticas del Corán, la belleza del Tao Te King (Dào Dé Jing), la ética simple de Las Analectas de Confucio (552AEC-479AEC), el entendimiento místico del Bhagavad Gītā, la sabiduría existencial de los Sūtras del budismo —y la rica abundancia de toda la tradición literaria humana— todas contribuyen a nuestro repertorio humano de bondad, belleza y sabiduría.

Celebramos una biblia de hojas cambiables que afirma que la revelación no está sellada. La verdad no ha sido embalsamada en ninguna época, ni tradición; es un proceso que se despliega. Las verdades de ayer son frecuentemente las supersticiones de hoy. Necesitamos la libertad de quitar de nuestra biblia de hojas cambiables las ideas antiguas que no han aguantado el paso del tiempo, de mantener las que sí lo han hecho y de añadir nuestros propios entendimientos a sus páginas.




¿Eres cristiano, entonces, o no?

Si por ´cristiano' se entiende alguien que cree en Jesucristo, como Señor y Salvador, no. Si por 'cristiano' se entiende alguien que acepte al Biblia como la palabra de Dios, no. Pero si por cristiano entendemos alguien que trate de vivir en el espíritu de Jesús —que busque una vida de amor y justicia— entonces quizás sí. No nos interesa tanto que nos consideren cristianos, como llevar vidas valiosas. Las etiquetas no son importantes; la vida trasciende las etiquetas.

¿Cuál es el sentido de tu vida?

El sentido es la medida de la religión. El sentido no está escrito en las estrellas, sino que lo crean los seres humanos a partir de la materia prima de su propia existencia. No nos es dado por Dios, ni por la iglesia, ni por el estado. No estamos seguros de que la vida o la historia contengan en sí mismos significados grandiosos, ni de que los pudiéramos descubrir si los tuviesen. La religión es una creación humana, no un don divino.

E.B. White, ustedes saben, el neoyorquino que escribió para The New Yorker, una vez escribió que cada uno de nosotros lleva consigo "una maleta llena de crencias". Algunos empacamos mejor que otros. Algunos viajamos ligeros. Algunos se quedan atascados por llevar una maleta demasiado pesada. Necesitamos al menos una bolsa con el equipaje justo para quedarse una noche con una sola convicción sentida de corazón que nos conduzca a través del día y de la noche.

¿Cómo explicarías el Unitarismo Universalista parado sobre un solo pie?

La vida cuenta;
La gente es preciosa;
Los hechos son más importantes que el credo;
El amor es el espíritu de esta iglesia;
La existencia es nuestro don;
El sentido es nuestra búsqueda;
El servicio es nuestra oración;
La libertad en la comunidad es nuestra vía;
La responsabilidad por los otros es nuestra obligación;
La reverencia por la vida es nuestra práctica.
En el amor de la belleza y en el espíritu de la verdad,
nos unimos para la celebración de la vida
y el servicio de la humanidad.
Todo el resto es comentario. Ahora ve y enseña esto.




  1. With Purpose and Principle: Essays about the Seven Principles of Unitarian Universalism, edited by Edward Frost, (Boston: Skinner House Books, 1998), p. 105.

  2. Quoted by Jack Taylor, Notes on an Unhurried Journey (New York: Four Walls Eight Windows, 1991), p. 20.