sábado 12 de diciembre de 2009

76° Encendido del Cáliz Global del ICUU. Diciembre de 2009


«Al saber que hemos de morir cuestionamos el sentido de la vida.


«Puede que las respuestas finales nos eludan, pero al vivir las preguntas, creamos y descubrimos el sentido donde podemos.»


lunes 7 de diciembre de 2009

12.12.2009: Ritual de la luz y convivio unitariano de fin de año



La Libre Congregación Unitaria de México (LCUM) te invita a participar con nosotros en nuestra última actividad pública para despedir el año 2009 en la Ciudad de México:



Sábado 12 de diciembre de 2009
Celebración Unitaria Pública
Ritual de la luz y convivio de fin de año
(Comida compartida y despedida del año)




¿En qué consiste?:
Los rituales son los momentos y actividades compartidas que actualizan nuestra identidad. En esta cita nos daremos un momento para hacer un balance personal, en comunidad, del año que concluye. Realizaremos un ritual de celebración de la vida y de la luz que renace en esta temporada por el solsticio de invierno boreal y compartiremos los alimentos y bebidas que llevemos para celebrar juntos la abundancia y plenitud vital que esta promesa de la vida que renace en el ciclo anual ofrece a cada uno de nosotros y a nuestra comunidad de esperanza y celebración.



¿Por qué reunirnos?:
Como comunidad nos damos un momento de común unión, apartado de las terribles exigencias y del frenético ritmo de la vida moderna. Es un momento para 'centrarnos' --para reunirnos y entendernos, para recordar qué es lo más importante y cuáles son nuestros más elevados llamados, para honrar lo que consideramos sagrado. Juntos celebramos y lamentamos, cantamos y meditamos, hablamos claro y sustentamos nuestra paz. En comunidad reunida pensamos nuevas ideas, soñamos nuevos sueños, nos comprometemos a cambiar y nos entregamos al misterio. Sabemos que no estamos solos pues todos estamos vinculados.



¿Para quién?:
Para integrantes, amigos y visitantes. Nuestras actividades públicas están abiertas a personas de cualquier persuasión religiosa (o de ninguna).

¿A qué hora?:
La cita para nuestras reuniones es a las 5pm.


¿Cuándo?:
Este sábado 12 de diciembre de 2009.


¿Dónde?:
Nos reunimos en la Casa de los Amigos, que está en la Calle de Ignacio Mariscal 132, Colonia Tabacalera, Delegación Cuauhtémoc, entre las calles de Ponciano Arriaga y José María Iglesias, una cuadra al Sur del Metro Revolución (STC-Metro Línea 2, o Metrobús Insurgentes).

Mapa:

Sugerencias:
Llegar puntualmente con disposición a participar. Los días de Celebración Unitaria Pública se realiza una comida compartida, con los alimentos y bebidas que los asistentes lleven para compartir.

Costo:
La participación en nuestras actividades públicas no tiene costo.



¿Qué es el unitarismo?



Mayores informes:

Teléfono: 5378.7808

Móvil: 04455.2021.1837

Correo electrónico: serviciounitario@gmail.com




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¿Pueden los unitarianos creer cualquier cosa que quieran? ¡No!


Rvdo. Richard Gilbert (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán), 8 de marzo de 1998, Primera Iglesia Unitaria de Rochester, Nueva York.
http://www.rochesterunitarian.org/1997-9
/980308.html


En una reciente caricatura publicada en el ciberespacio se ve a dos mujeres en animada plática en un café. La primera dice, “Mi novio opina que si alguien es religioso, es porque es débil y no es capaz de pensar por sí mismo”. Su amiga le pregunta, “Hmmm, ¿pero no te vas a casar en una iglesia, como era tu deseo?” A lo que la primera mujer le responde, “Bueno, eso espero. Quiero decir que no voy a firmar así nomás un papel en el registro civil”. Una tercera mujer, que escuchó desde otra mesa a las dos amigas, dice para sí al respecto: “Ella no quiere un niño ateo, y él no quiere uno cristiano… Oh, bueno, otro Unitariano más en el mundo” (de la tira: Bruno de Christopher Baldwin):

El Unitarismo Universalista históricamente ha sido terreno de reunión para las parejas en las que sus integrantes provienen de diferentes tradiciones religiosas. ¿Por qué? Debido a que no le exigimos a nadie que se adhiera a determinadas creencias teológicas. De ahí que ateos y cristianos puedan unirse a una comunidad sin credo impuesto, sin tener que renunciar a sus convicciones profundamente arraigadas, en tanto que respeten las visiones diferentes a las propias y busquen aprender de ellas. Este enfoque radicalmente abierto hacia la religión nunca deja de asombrar a los de fuera –y no tan infrecuentemente, también a los de adentro. Pero lo más sorprendente del asunto es que este enfoque parece funcionar.

Cuando se nos pide describir el Unitarismo Universalista ante otros, con frecuencia decimos algo como 'puedes creer lo que quieras acá' –nuestra santa doctrina del 'cualquiercosismo'. Se ha dicho que dentro de nuestras iglesias 'reinaría la anarquía' –un clásico oxímoron, una contradicción de términos; se nos ha llamado la iglesia que 'sabe bien' al principio, pero que no nos 'llenaría' al final. Hay quienes han dicho que seríamos un lugar para gente incapaz de decidirse. Otros dicen que seríamos un “refugio para rebeldes, un paraíso para los herejes y un asilo para los escépticos”. Una de nuestras ministras dice incluso que ser Unitario Universalista sería como “tomar un agradable baño caliente”.[1]

Hace dos miércoles, un miembro de mi clase de educación religiosa adulta, “Construye tu propia teología”, puso esta idea en una tonada popular.

Sin ningún dogma, sin ningún credo;/“Esas son cosas que no necesitas./“A la reunión dominical, por favor, ven,/“Júntate alrededor de nuestro vacío”.[2]

A veces nos divertimos tanto con este humor autoinflingido, que parecería que no habríamos asimilado la gravedad de sus implicaciones. ¿Acaso es verdad que, debido a que se supone que seríamos libres de creer en cualquier cosa que queramos, el Unitarismo Universalista sería puro proceso y nada de substancia? Correctamente, entendemos que los credos no son la base de nuestra religión –nos parecen creencias congeladas en el tiempo y el espacio–, le dicen 'no' a las verdades nuevas.

Sabemos que debemos recrear constantemente nuestra alianza, nuestro pacto común –lo que nos prometemos y cumplimos mutuamente, y que nos permite caminar juntos religiosamente. De manera correcta proclamamos que nuestra iglesia no puede imponerse sobre la conciencia –en última instancia, cada uno de nosotros debe ser su propia autoridad religiosa.

Cuando en una de nuestras campañas de difusión popular se dice que “La religión liberal pone su fe en ti” –eso parece realmente aterrador. ¿En quién? ¿En mí? ¿Alguien supone que yo sería un teólogo? ¿Acaso he de ser yo quien establecerá si Dios ha muerto? ¿Soy yo quien debe señalar el significado de Jesús? ¿Soy yo quien tiene que determinar lo que es correcto e incorrecto y –peor aun– vivir como si lo supiera? ¿Soy yo la criatura que debe crear significado a partir de la materia prima de mi propia existencia? ¡Deben estar bromeando!

¡Es mucho más fácil para mí decir en lo que no creo! No creo que Dios sea aquella figura sobrenatural en los Cielos –mucho menos un hombre blanco y barbado. No creo que Jesús sea el mesías, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad. No creo que la Biblia sea la palabra literal de Dios. No creo que vivamos esta vida solamente para entrar al Cielo –si es que hubiera un Cielo.

Declarar lo negativo –¡Esa es la parte fácil!. La parte difícil es explicar lo que sí creo. Estos asuntos no son triviales –son cuestiones importantes que marcan una diferencia en la manera en que vivo mi vida. Es importante partir de aceptar y hacer frente a mis sentimientos sobre aquella Realidad en la que vivo, me muevo y ubico mi ser. Es vital que tenga algunos modelos de comportamiento humano hacia los cuales pueda dirigirme en busca de pistas sobre cómo vivir la vida. Resulta decisivo tener un fuerte sentido de lo que es correcto e incorrecto –y tratar de llevar a la práctica estos patrones. Para mí es esencial ser capaz de detectar en mi vida alguna razón para vivir.

Después de todo, uno de nuestros más frecuentemente repetidos Principios es aquel de la “Búsqueda libre y responsable de la verdad y el sentido religioso”. Nuestra apertura hacia la búsqueda, en todo caso, puede tener dos sentidos. Uno se relaciona con la indiferencia, en el que abandonaríamos la esperanza de encontrar alguna vez la verdad, o que simplemente no nos importaría ya buscarla.

El poeta Russell Davenport nos dio esta sensata advertencia:

Que no temamos al Hombre: que temamos/“Sólo aquello en lo que cree…/“Es a la Nada a lo que debemos temer: al pensamiento de la Nada:/“Al sonido de la Nada en nuestros corazones…/“A la creencia en Nada”.[3]



El gran poeta Robert Frost se describió a sí mismo como: “[siempre] un buscador, nunca un escapista”. “No seas un agnóstico”, dijo él, “Sé algo”. Y, desde luego, está el viejo dicho, “El problema de tener la mente abierta es que se te pueden salir los sesos”.[4]



En esto yace uno de los grandes malentendidos de nuestra religión –que seríamos una fe sin contenido. ¡Erróneo! Nuestra religión sin credo requiere de sus adeptos mucho más de lo que parece a primera vista. Si entendiéramos esta libertad religiosa tan sólo como estar-libres-de (carecer de interferencias indeseadas), no habríamos entendido la pesada carga que la libertad coloca sobre nosotros –sus severas disciplinas, sus pesadas responsabilidades. Recuérdalo, ¡Debe ser una búsqueda libre y responsable!

Si no podemos tener una fe basada en un credo, dogma, tradición, o autoridad eclesiástica, ¿en qué basarnos? ¿En nosotros mismos? Seguramente este parece un débil asidero para apoyarse en él. ¿Pero, en qué otro? ¿Quién más ha de asumir la reponsabilidad por nuestras convicciones, si no estuviéramos dispuestos a hacerlo nosotros?

Qué nos lleva hacia esta apertura que nos invita a la búsqueda. Mi mentor y decano de mi escuela teológica, Angus H. MacLean, una vez escribió sobre esta búsqueda porque la había experimentado él mismo. Nacido como Presbiteriano Escocés, encontró gradualmente su camino hacia el Unitarismo Universalista. El órgano seleccionador de su denominación religiosa rechazó por herética su solicitud de dedicarse al ministerio, así que vino a nosotros. Este rechazo fue la gota de credo que derramó el vaso de su anterior aceptación de la teología ortodoxa.



Angus entendió los peligros de la rebelión –de romper vínculos con la propia tradición religiosa. Él sabía que las tentaciones de la libertad son grandes. Uno escapa de un credo rígido, que ya no representa las propias convicciones, hacia una especie de vertiginosa y confusa libertad. Como él lo dice, “La urgencia de librarse de algo que nos oprime e irrita puede identificarse fácilmente con la libertad”.[5] ¿Pero entonces qué?

Angus describió la situación en su muy gráfico estilo: “La mente vacía es la casa de la que se expulsó al demonio, que así quedó barrida y presentable, lista para los siete demonios que se mudaron inmediatamente después”.[6] Y sigue escribiendo, “He conocido gente que considera una invitación para hablar en una reunión, para compartir sus convicciones e ideas, como como si fuera una invitación para aparecer desnuda en público. Hay algo que opera aquí y que no es tan sólo un loable sentido de privacidad…[7] ¿Están las cosas de tu vida efectivamente en tu pensamiento?”[8]

Angus MacLean plantó una semilla en mí, hace mucho, cuando escribió, “se ha dicho que la religión liberal es un 'paquete completo de equipo de hágalo usted mismo'. Pero existe el peligro de que nosotros la convirtéramos no sólo un paquete de equipo sin instrucciones, sino también sin herramientas ni materiales.”[9]



Las instrucciones serían comparables con cualquier formulación de autoridad religiosa –el Credo de los Apóstoles, la Confesión de Westminster, el Catecismo de Baltimore. Claramente no contamos con tales instrucciones. ¿Pero qué hay de las herramientas y los materiales? He podido observar que la gente que entra a nuestras iglesias por primera vez, proveniente de otras tradiciones, experimenta una cierta liberación gozosa cuando se entera de que no pretendemos imponernos sobre su conciencia, ni exigirle alguna creencia particular. Pero cuando se ha desvanecido el aura de esa libertad; ¿con qué se quedan? Con una serie de creencias rechazadas. Pero esto no es de mucha ayuda para vivir la vida. ¿Qué ha de seguir ahora?

Hay una imagen gráfica que proviene de una fuente poco convencional que me resulta útil aquí. Se trata de la metáfora de un organizador comunitario radical, Saul Alinski: “El signo de interrogación es un arado invertido, rompe el duro suelo de las viejas creencias y lo prepara para el nuevo crecimiento”.[10]

Con seguridad, cualquiera que camine a través de esta puerta tiene una o más preguntas dignas de consideración sobre la religión, o no estarían aquí. Pero las preguntas sirven solamente para arar el suelo de las convicciones religiosas –Al “romper el duro suelo de las viejas creencias”, pero también, al “prepararlo para el nuevo crecimiento”.



Fue esta línea de pensamiento la que me llevó a escribir el curso de educación religiosa liberal para adultos Construye tu propia teología. Nuestra tarea aquí no es entender el credo Unitario Universalista, dado que no hay ninguno. Nuestra misión es crear credos personales –afirmaciones que digan “Yo creo” y reflejen así lo mejor de nuestros pensamientos y sentimientos, de nuestro ser y hacer.

La religión liberal no es tan solo un proceso de vivir juntos religiosamente –aunque tiene algo de eso. No es solamente aprender a respetar los valores y creencias de otros. No es nada más hacer la paz entre creyentes beligerantes enfrentados. Es un lugar al que uno viene para creer, no cualquier cosa que uno quiera –como si la religión fuera un asunto tan fortuito y descuidado–, sino para creer lo que uno debe creer –porque la mente, el corazón y la conciencia nos fuerzan a hacerlo así– debido a nuestro entendimiento de la historia y nuestras observaciones sobre la vida humana, que nos instan a hacer corresponder nuestras creencias con nuestra experiencia.

La poetisa Anne Sexton dice sucíntamente, “Necesitar no es suficiente para creer”[11] Escribió aquellas palabras cuando sentía compasión por un amigo que le envió a ella un muy estimado crucifijo y la invitaba con urgencia “a hacer una cita para el Sacramento de la Confesión”. Pero la necesidad de reconocer que frecuentemente “erramos el blanco” (o “nos quedamos cortos”, que es el sentido etimológico de la palabra ‘pecado’, N. del T.) no es lo mismo que tener una creencia sobre lo que deberíamos hacer al respecto. Sexton escribió:

Amigo mío, amigo mío, nací/“haciendo obras de referencia del pecado, y nací/“confesándolo. Esto es lo que son los poemas/“con misericordia/“por avaricia/“son el domador de la lengua/“el caldo del mundo, la estrella de la rata”.[12]

Necesitar no es suficiente para creer.



Necesitamos algún sentido básico de confianza en el universo. Esto no es lo mismo que decir que hay un Padre Celestial que notaría la caída de cada gorrión –y que siempre sabría lo que me sucede. Necesitamos algunos lineamientos morales para hacernos capaces de vivir creativamente en comunidad. Esto no es lo mismo que decir que puedo hacer cualquier cosa que quiera porque no hay Dios para castigarme o premiarme. Necesitamos algún sentido de significado para sobrevivir al día a día y noche a noche, pero esto no es lo mismo que decir que nuestra tarea es alabar a Dios y glorificarlo por siempre. La necesidad no es creencia –la necesidad puede conducir a la creencia, pero solo hacia creencias que surgen de la materia prima de nuestra propia experiencia.

Martin Buber lo expresa poéticamente cuando dice, “La libertad es un puente peatonal, no un lugar habitable. La libertad … es el cero fructífero … Es la corrida antes del salto, la afinación del violín, la confirmación de aquella primordial y poderosa potencialidad que no es posible siquiera comenzar a realizar”.[13] Con demasiada frecuencia, solo afinamos y nos olvidamos de tocar; corremos, pero no saltamos.



Matthew Arnold llevó este pensamiento a su conclusión lógica en 1861 cuando escribió, “Es una gran cosa ser capaz de pensar como quieras, pero, finalmente, queda pendiente una pregunta importante, ¿Y tú qué piensas?”[14]

Es un poco como hacer un crucigrama. Toma en consideración estas palabras: “Deberías hacer teología como haces un crucigrama. Para empezar, lo haces con lápiz, porque es muy arrogante hacerlo con pluma. Conforme descubres más, a veces tienes que cambiar las respuestas que pensabas que correspondían. Y a veces puede que nunca encuentres las respuestas; a veces debes simplemente vivir sin las respuestas”.[15]



Construir tu propia fe es como trabajar en un crucigrama. Sabemos que, aunque otros pueden ayudar, nadie más lo hará por nosotros. Sabemos que cometeremos errores y tendremos que borrar lo que supusimos al principio. Sabemos que es improbable que seamos capaces de llenarlo a tinta y atinar en todas las respuestas de una sola vez. Pero lo que es más importante, sabemos que debemos tratar de poner algunas letras –algunas palabras– en esos espacios, si es que hemos de crecer.

Y de esta manera es que comparto con ustedes mi propio crucigrama teológico liberal –escribo con lápiz mis respuestas provisionales a las grandes preguntas–disfruto el proceso, pero necesito declarar mis propias convicciones –en dónde estoy, aquí y ahora.

  • Creo en la vida –en una vida con sus noches obscuras y días brillantes y aquellos momentos en los que el gozo y la tristeza se entremezclan de formas inconmensurables;

  • Creo en una vida de nacimiento y muerte y en un precioso intervalo intermedio.

  • Creo en esta vida –No necesito la promesa de un más allá, solo la convicción cierta de que si vivo bien esta vida, no importará lo que pase después.

  • Creo que la vida es desordenada y debemos aprender a vivir con la ambigüedad.

  • Pienso que si mi vida ha de tener un significado, yo soy quien debe crearlo.

  • Creo en la Creación, un impulso poderoso, pero impersonal e indiferente, que impregna y permea al universo; que se manifiesta en la tierra como naturaleza, en el tiempo como historia, y en la humanidad como amor;

  • Creo en mí mismo, una criatura de esta Creación, bendecido más allá de lo expresable, una criatura que se deleita con el don de la vida;

  • Creo en el liderazgo espiritual de todos esos grandes profetas del espíritu humano quienes vivieron en el amor por la justicia;

  • Creo en la humanidad –en la gran tradición viviente– en la procesión de pueblos que han buscado precariamente un sentido, durante los años en que les tocó.

  • Creo que los pueblos son preciosos, que es un honor compartir el mundo con profetas e indigentes, con todos aquellos que respiran y hacen la jornada con nosotros;

  • Creo en la reverencia por todas las formas de vida con las que comparto el planeta; la tierra es un jardín para ser cultivado, no una mina para ser vaciada.

  • Creo que la historia es la única arena del significado y destino humanos, y que ese destino está en nuestras manos, no en las de otros. Ya sea que el mundo sobreviva o perezca, esto no está escrito en las estrellas, sino en nuestras muy humanas cabezas, corazones y manos.

  • Creo en el poder de la gente de buena voluntad y espíritu de sacrificio que busca crear la Comunidad Bienamada de la Tierra –una visión por siempre irrealizada pero que me mueve a trabajar por su realización –aunque no viva para verla realizada.

  • Creo que, en el amor de la belleza y en el espíritu de la verdad, nos unimos para la celebración de la vida y el servicio a la humanidad. Amén.


Podría proseguir, el Señor sabe que podría seguir, pero hay otros domingos. Creo en esto, no porque simplemente lo quiera así –lo creo porque debo creerlo. Es parte de la esencia destilada de las cosas que componen mi vida. Ese es mi credo. ¿Cuál es el tuyo? ¡Que florezcan mil credos!




Referencias

[1] Rose Mary Denman.

[2] Fred Brandcamp, 2/26/98.

[3] Quoted in The Wind in Both Ears

[4] Vital Speeches of the Day, D. Bruce Lockerbie, 726, 9/15/89.

[5] Angus H. MacLean

[6] Angus H. MacLean, "Freedom Is Still the Issue."

[7] Angus H. MacLean, The Wind in Both Ears, 114.

[8] Ibid., 117.

[9] Angus H. MacLean, "Freedom Is Still the Issue."

[10] Saul Alinski, Rules for Radicals

[11] Anne Sexton, Tongues of Fire, 85-6.

[12] Anne Sexton, "With Mercy for the Greedy," Tongues of Fire edited by Karen Armstrong, (New York: Penguin Books, 1985, 1987), 85-6.

[13] Martin Buber, Between Man and Man, (New York: The MacMillan Company, 1949), 91.

[14] Matthew Arnold, Democracy, 1861.

[15] Kelly Brown-Douglas, The Other Side, March/April 1997, via Context, 8/15/97, 6.



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Richard S. Gilbert:¿Pueden los unitarianos creer cualquier cosa que quieran? ¡No! -



sábado 5 de diciembre de 2009

Mark Twain: ¿Al Cielo o al Infierno?

Alineación al centro
"Ir al Cielo por el clima, pero al Infierno por la compañía"
~Mark Twain (1835-1910)



viernes 20 de noviembre de 2009

Grupo Cáliz: ¿Qué te ha enseñado la vida hasta ahora?


La Libre Congregación Unitaria de México (LCUM) te invita a participar con nosotros en nuestras actividades públicas en la Ciudad de México:




Sábado 28 de noviembre de 2009
¿Qué te ha enseñado la vida hasta ahora?



¿Qué te ha enseñado la vida hasta ahora?
¿Qué has aprendido de primera mano?
¿Qué has aprendido de los otros?
¿Qué sabiduría particular tienes para ofrecer?
¿Qué sabiduría particular ves en cada una de las personas que te rodean?



Qué es:
Como comunidad nos damos un momento de común unión, apartado de las terribles exigencias y del frenético ritmo de la vida moderna. Es un momento para 'centrarnos' --para reunirnos y entendernos, para recordar qué es lo más importante y cuáles son nuestros más elevados llamados, para honrar lo que consideramos sagrado. Juntos celebramos y lamentamos, cantamos y meditamos, hablamos claro y sustentamos nuestra paz. En comunidad reunida pensamos nuevas ideas, soñamos nuevos sueños, nos comprometemos a cambiar y nos entregamos al misterio. Sabemos que no estamos solos pues todos estamos vinculados.

Para quién:
Para integrantes, amigos y visitantes. Nuestras actividades públicas están abiertas a personas de cualquier persuasión religiosa (o de ninguna).
¿Cuándo?:
El sábado 28 de noviembre de 2009.


¿A qué hora?:
La cita para nuestras reuniones es a las 5pm.

Dónde:
Nos reunimos en la Casa de los Amigos, que está en la Calle de Ignacio Mariscal 132, ColoniaTabacalera, Delegación Cuauhtémoc, entre las calles de Ponciano Arriaga y José María Iglesias,una cuadra al Sur del Metro Revolución (STC-Metro Línea 2, o Metrobús Insurgentes).

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Llegar puntualmente con disposición a participar.

Costo:
La participación en nuestras actividades públicas no tiene costo.


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martes 17 de noviembre de 2009

James Luther Adams: La fe como confianza


"Cada cual ha de tener algo en lo que depositar su confianza. En este sentido no hay tal cosa como una persona irreligiosa. Toda persona está implicada en un hecho básico, algo en lo que ha depositado su confianza. La tarea central de la teología es articular aquello que es finalmente confiable"
~James Luther Adams (1901-1994)



domingo 15 de noviembre de 2009

Elizabeth Cady Stanton: Decir la verdad que está en nosotros


"En el momento en que comenzamos a temer la opinión de los otros, a dudar si decir la verdad que está en nosotros, y si por cuestiones de lineamientos permanecemos callados cuando deberíamos hablar, las corrientes divinas de luz y vida dejarán de fluir hacia nuestras almas"
~Elizabeth Cady Stanton (1815-1902)



viernes 13 de noviembre de 2009

Lutero: Cielo y risa


"Si no se nos permite reír en el cielo, no quiero ir allá."

~Martin Lutero (1483-1546)




jueves 12 de noviembre de 2009

Sophia Lyon Fahs: ¿Seguir ejemplos o ser íntegros?



"Una de las ironías trágicas de la historia es que genios tan creativos como Buda y Jesús hayan sido ensalzados como ejemplos perfectos que todos deberian emular. En la lucha misma para ser como alguien más, en vez de ser su verdadero yo, o de hacer su mejor esfuerzo en su propio ambiente, el niño está en peligro de perder la perla que realmente está más allá de cualquier precio: la integridad de su propia alma"

~Sophia Lyon Fahs (educadora religiosa liberal unitariana, 1876-1978)




martes 10 de noviembre de 2009

Grupo Cáliz: Mantengamos viva la esperanza


La Libre Congregación Unitaria de México (LCUM) te invita a participar con nosotros en nuestras actividades públicas en la Ciudad de México:




Sábado 14 de noviembre de 2009
Mantengamos viva la esperanza



¿Cómo mantienes viva la esperanza en tu corazón?
¿Qué signos ves en el mundo de que despunte un nuevo amanecer?
¿Cuáles son tus recursos y herramientas espirituales?



Qué es:
Como comunidad nos damos un momento de común unión, apartado de las terribles exigencias y del frenético ritmo de la vida moderna. Es un momento para 'centrarnos' --para reunirnos y entendernos, para recordar qué es lo más importante y cuáles son nuestros más elevados llamados, para honrar lo que consideramos sagrado. Juntos celebramos y lamentamos, cantamos y meditamos, hablamos claro y sustentamos nuestra paz. En comunidad reunida pensamos nuevas ideas, soñamos nuevos sueños, nos comprometemos a cambiar y nos entregamos al misterio. Sabemos que no estamos solos pues todos estamos vinculados.

Para quién:
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¿Cuándo?:
El sábado 14 de noviembre de 2009.


¿A qué hora?:
La cita para nuestras reuniones es a las 5pm.

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Nos reunimos en la Casa de los Amigos, que está en la Calle de Ignacio Mariscal 132, ColoniaTabacalera, Delegación Cuauhtémoc, entre las calles de Ponciano Arriaga y José María Iglesias,una cuadra al Sur del Metro Revolución (STC-Metro Línea 2, o Metrobús Insurgentes).

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domingo 8 de noviembre de 2009

Stanisław Lem: Sólo un mundo nos basta


"Sólo buscamos al Hombre. No tenemos necesidad de otros mundos. Necesitamos espejos. No sabríamos qué hacer con otros mundos. Sólo un mundo, el nuestro, nos basta; pero no podemos aceptarlo tal como es."
~Stanisław Lem (1921-2006)



viernes 6 de noviembre de 2009

George Lakoff: Irracionalidad y evidencia


"La idea de que la gente abandonará sus creencias irracionales
ante la solidez de la evidencia presentada ante ella
es en sí misma una creencia irracional, no apoyada por la evidencia"

~George Lakoff (1941-)



lunes 2 de noviembre de 2009

Nathaniel Hawthorne: Compañerismo



"Contribuye grandemente a la salud intelectual y moral ser criados en hábitos de compañerismo con individuos diferentes a uno mismo, con poco interés en nuestras búsquedas, puesto que hemos de salir de nuestra esfera de intereses y habilidades para poder valorarles"
~Nathaniel Hawthorne (1804-1864)




viernes 30 de octubre de 2009

Joseph Conrad: Ambiciones lícitas


"Todas las ambiciones son lícitas,
excepto aquellas que se montan sobre las miserias
y la credulidad del género humano"
~Joseph Conrad (1857-1924)



viernes 23 de octubre de 2009

Sean Dennison: La integridad de lo intermedio


[Este sermón relata mi historia y se llama 'La integridad de lo intermedio']

Revdo. Sean Dennison, ministro de la Sociedad Unitaria Universalista del Valle Sur, Ciudad del Lago Salado, Utah, EUA, 12 de marzo de 2006.


PRIMERA LECTURA:


La meta de un conocimiento que surge del amor es la reunificación y la reconstrucción de los egos y mundos rotos. Este amor no es una virtud suave y sentimental, ni un confuso sentimiento de aventura amorosa. El amor del que habla la tradición espiritual es un amor duro, el tejido conectivo de la realidad.

El acto de conocer es un acto de amor: el acto de considerar y aceptar la realidad del otro, el acto de permitir que el otro entre en –y acepte– nuestra realidad.

Esta es una de las nociones centrales de la experiencia espiritual: somos conocidos detallada y profundamente por el amor que nos creó y nos sostiene, conocidos como miembros de la comunidad…que depende de nosotros y de la que dependemos.
~Parker J. Palmer

SEGUNDA LECTURA:


Ésta no puede ser una vida fácil. Debemos tener en ella algún momento escabroso para mantener abiertas nuestras mentes y para mantenerlas profundas; para mantener nuestro sentido de la belleza y nuestra habilidad para crearla, así como nuestra capacidad ocasional para verla en lugares remotos, extraños y que no nos son familiares. Debemos tener en ella algún momento escabroso, todos nosotros, pues esta es la condición de la vida, y en esta condición podemos ayudar, puesto que podemos amarnos mutuamente.
~J. Robert Oppenheimer



SERMÓN:


Recuerdo cuando tenía unos 17 años de edad y una nueva familia se mudó justo a la casa de enfrente. Podía ver que tenían hijos como de mi edad y estaba llena de preguntas y de esperanza de que estos nuevos niños y yo nos hiciéramos buenos amigos. Quería atravesar corriendo la calle y bombardear con preguntas a la nueva familia. ¿Quiénes son? ¿De dónde son? ¿Cómo es allá? ¿Cuál es su sabor favorito de helado?


Al mismo tiempo, era demasiado tímida, y demasiado educada para no controlar este impulso. Sabía que tendría que esperar a que la nueva familia se estableciera y se revelaran ante mí y los otros vecinos, a su propio paso. Aún así, mi curiosidad era tan fuerte que me resultaba casi dolorosa. Pasó lo que me pareció una eternidad pero, finalmente, la nueva familia se presentó con nosotros, su hija Sara y yo nos hicimos las mejores amigas.


He aprendido algunas cuantas cositas desde que tenía 7 años. Una de ellas es que si quiero llegar a conocer a alguien, hay formas mucho mejores de hacerlo que montar mi propia inquisición personal. De hecho, una de las mejores maneras que he encontrado de llegar a conocer gente es abrirme y contar mi historia.


Ahora que, para cualquiera, contar su historia es una cosa arriesgada. Es por ello que mi madre me enseñó a dejar que la familia de la casa de enfrente se desenvolviera a su propio paso. Mi historia, también, es algo arriesgada y un tanto inusual. Me tomó algunos años atreverme a contarla por primera vez, e incluso más hacerlo desde el púlpito. Pero una vez que asumí ese riesgo descubrí algunas cosas maravillosas.


Cuando me permití darme a conocer, finalmente pude confiar en lo que dijo Parker Palmer que era cierto:


He aquí la noción más central de la experiencia espiritual: somos conocidos en detalle y a profundidad por el amor que nos creó y nos sostiene… conocidos como miembros de una comunidad que depende de nosotros, y de la que dependemos.

Ya no tengo que estar solo, temeroso, ni aislado. Eso resultó verdadero en un sentido espiritual para mí, pero también fue cierto en un sentido práctico. Lo que sucedió cuando comencé a contar mi historia a otros es que esos otros comenzaron a contarme sus historias. Y la profundidad y amplitud de mi comunidad creció.


He llegado a entender que una de las mejores cosas que puedo hacer, uno de los actos fundacionales del ministerio que puedo ofrecer a los unitarianos es contar mi historia. Desde luego, no puedo contarla completa –nos llevaría muchas horas y terminaríamos bastante hambrientos y desesperados. Pero puedo contar hoy la parte que es un tanto más inusual, que me ha enseñado más y que, literal y espiritualmente, me hizo ser quien soy hoy:


Soy transgénero.



Ahora que 'transgénero' es una palabra bastante nueva, y su significado no queda frecuentemente muy claro, ni siquiera para quienes somos descritos así. En mi caso significa dos cosas: que nací mujer y ahora soy hombre, y que honro esta jornada de vida siendo honesto en cuanto a mi experiencia como mujer y como hombre. Esto no es igualmente cierto para cada persona transgénera. Muchas de mis amistades transgéneras sienten que siempre pertenecieron a un solo género y que van cambiando, o cambiaron, sus cuerpos para hacerlos concordar con el género del que siempre se supieron parte. Esa es su jornada.



Mi jornada ha sido luchar para vivir en lo que Rita Nakashima Brock llama la 'integridad intersticial'. Ella describe esta clase de integridad desde su experiencia como mujer multirracial. Dice:


Lo intersticial se refiere a los lugares intermedios, que son lugares reales, como el fuerte tejido conectivo entre los órganos del cuerpo, que mantiene unidas a las partes. Esta intersticialidad es una forma de integridad… La integridad tiene que ver con estar completos, con que no nos falte, ni se nos haya quitado ninguna parte.

Este es el corazón de lo que significa mi historia, para ustedes y para mí. Mi vida es una jornada hacia la integridad y la compleción de quien soy, y una jornada que me permite ver dentro de dos mundos. Soy un hombre transgénero.


Esta historia comienza en un pequeño pueblo de Iowa, en el que nací y me crié. Mi familia tenía dificultades y estaba en un lugar difícil. A veces me describo como un poeta en una casa sin libros. Verdaderamente, el género no era una cuestión que contara la mayor parte del tiempo. Lo ignoré mientras pude y seguía la corriente cuando era absolutamente necesario. Me incomodaba eso que experimentaba como las trampas de ser niña –el color rosa, los holanes y volantes, así como la inacción frustrante– pero estaba segura de que todas las niñas odiarían esas cosas.


Pasé 30 años en Iowa, en el constante intento de ajustarme. Nunca lo logré del todo, pero construí amistades maravillosas (la mayoría de ellas en la fraternidad unitaria universalista local) con gente que me aceptaba como una mujer un tanto masculina que criaba un hijo pequeño como madre soltera.


Tenía 29 años cuando por primera vez me cuestioné sobre mi género. Leí la novela Stone Butch Blues de Leslie Feinberg y pude identificarme emocionalmente con el personaje principal, Jess. Me cautivaba la historia de la elección de Jess de vivir en el mundo como hombre, incluso a pesar de que era una historia terriblemente dolorosa. Aun a pesar de las tragedias en la vida de Jess, no pude evitar ver las posibilidades para mí. Por primera vez supe que era posible cambiar mi género.



Posteriormente ese año, el segundo libro de Leslie Feinberg, Guerreros transgénero fue publicado por Beacon Press [editorial de la Asociación Unitaria Universalista]. Le pedí que trajera un ejemplar consigo a un amigo que vino a Iowa a ayudarnos, a mi hijo y a mí, a mudarnos a California para iniciar el seminario. Nos lo leímos en voz alta en el camión en movimiento durante el viaje de 4 días a Berkeley; así llegué a darme cuenta de que las historias en el libro eran mi propia historia. Vi mi rostro en los retratos que Feinberg había reunido y vi mis preguntas, mis sentimientos y mi lucha en las historias de otras personas transgéneras. Comencé a preguntarme quién era en lo profundo del centro de mi ser.


Me conmocionó darme cuenta de que en lo profundo me sentía más como un chico adolescente que como una mujer adulta. Había pasado años intentando adaptarme a las diferentes identidades femeninas disponibles para mí, pero ninguna de ellas me quedó, dejándome con una gran frustración. Intenté cumplir con la visión cristiana fundamentalista de la mujer; intenté ser una buena feminista radical, había tratado de ser una buena madre, intenté ser una buena lesbiana, e intenté diseñar mi propia definición de mujer y vivirla. Pero leer las historias de otras personas transgéneras me hizo darme cuenta de lo que siempre había querido llegar a ser cuando creciera: un hombre. Me conmocionó y atemorizó la intensidad de ese deseo.


Una noche después de haberme establecido en nuestro nuevo departamento de Berkeley, tuve un sueño. Fue un sueño que había tenido muchas veces antes en el que trataba de vislumbrar algo de mi reflejo en un espejo, pero sin importar cómo me retorciera y volteara, no podía ver mi rostro. Lloraba y luchaba por estirarme y contorsionarme hasta alcanzar alguna posición en la que pudiera verme, pero nunca lo lograba. Sin embargo, ésta vez en el sueño escuché una voz que me decía, “Mueve el espejo”. Así que me estiré y tome el espejo entre mis manos y le di una vuelta completa. Allí, en lo que debía haber sido el reverso inútil del espejo había un sueño duro –duro, puesto que me llamaba a tomar una decisión sobre mi vida. ¿Me quedaría dentro de la cajita marcada “F” por femenino debido a mi nacimiento, o viviría lo que sentía verdadero y real para mí? ¿Escogería vivir con integridad?


La parte más difícil de esta decisión, aparte de bregar con todos los sentimientos que suscitaba en la gente que amaba, era la sensación de que tenía que escoger masculino o femenino. Había pasado 30 años como mujer, seis de ellos como madre, y ahora sentía que se suponía que negara todo ello y que viviera como otra clase de criatura –un hombre. Todo o nada. La cajita marcada “F”, o la marcada “M.”


Mi vida no tiene que ajustarse a esas cajas. Mi género no es tan simple. Tan duro como había sido tratar de escoger uno o el otro, lo que es verdad para mí es que soy de ambos. Es más cómodo y más auténtico para mí moverme por el mundo como hombre. En mi más profundo conocimiento de mí mismo, un rostro masculino, un cuerpo masculino y una identidad masculina se sentían verdaderos. Cuando pienso en mí o me describo, es como hombre.



Al mismo tiempo, viví 30 años de mi vida como mujer. Sé lo que es ser mujer en esta sociedad. Sé cómo es ser vulnerable a un asalto sexual, que se espere que seas más maternal que ambiciosa, lo que es ser una madre soltera que luchaba por cumplir sus objetivos. No puedo descartar así como así ese conocimiento, ni pretender que esos 30 años habrían sido un error.


No puedo elegir un lado de mí por encima del otro. Elegir sería como estar dispuesto a dejar que una parte de mí se marchite y muera. Negar que vivo en un cuerpo que nació mujer y que viví como mujer 30 años sería igual de doloroso que lo que fue vivir en la negación de mi conocimiento de mí mismo como hombre.



En el proceso de comprender esto usé muchos recursos. Aprendí mucho sobre la historia transgénera. Aprendí que en el pasado, uno no podía atravesar por el escrutinio del sistema médico a menos que uno hubiera creado algo llamado una 'historia plausible'. Una historia plausible para mí habría sido una historia creada sobre mi vida como niño, adolescente, y hombre joven. En resumen, habría sido una mentira. ¡Pero no hice todo esto para vivir una mentira! Hice esto para decir la verdad sobre quién soy.


Cuando Rita Nakashima Brock escribió sobre la integridad intersticial, me mostró que entiende algo que era vital para mí. Entiende lo que se siente que las categorías sean demasiado pequeñas y demasiado poco imaginativas para sustentar su vida. Y lo que llama integridad intersticial es un acto de resistencia –un acto liberador– en un mundo que busca confinarnos en una visión sobresimplificada de lo que es ser humanos.


Hay muchas razones por las que esta sociedad quiere que seamos completamente cuantificables. Pues para el mercado y el análisis estadístico, sería mucho más fácil si fuéramos digitales –es decir, que cada detalle de nuestras vidas fuera codificable como un ‘1’ o un ‘0’, una ‘F’ o una ‘M’, un nosotros o ellos. Para que seamos realmente buenos consumidores de esta cultura, debemos estar dispuestos a hacernos lo suficientemente pequeños para caber en sus cajitas en todos los formatos.


Es útil para la gente que valora las ganancias, la eficiencia y los balances contables tener cajas y categorías para colocarnos. Pero los seres humanos y nuestras vidas somos mucho más que eso. Cuando Rita Nakashima Brock señala y nos hace saber que, “los lugares intermedios… son lugares reales” me recuerda la belleza, la fuerza y la absoluta necesidad de todo lo que yace entre las cajitas de esta cultura.


La integridad intersticial es el corazón de mi historia. Los músculos, los tendones, los ligamentos y las fibras que nos mantienen unidos en un solo cuerpo son la fortaleza y la substancia real de ese cuerpo. Sin ellos seríamos tan sólo montones de huesos. Es un acto de valor y un acto de liberación recordar todo lo que somos. Recordar significa ser concientes de todas las partes de nosotros mismos que son demasiado complejas, demasiado desordenadas, demasiado sólidas para ser encuadradas en las cajas imaginarias. Reivindicar estas partes de nosotros es una labor de integridad y la integridad es una de las cosas que como individuos, y como sociedad, necesitamos más.


No es necesario ser transgénero para saber lo que se siente ser aplastados dentro de un rol o una caja incómoda o dolorosa. Este es el corazón de todo movimiento por la justicia social. Las mujeres saben lo que se siente ser definidas de maneras que no sustentan su fuerza y su valor. Cualquiera cuya piel no sea blanca sabe lo que se siente estar limitados por las definiciones de los otros sobre su lugar y su poder en el mundo. La gente guei, lesbiana o bisexual sabe lo que es que te hagan pequeño a través del prejuicio y que te definan sólo por una pequeña parte de todo tu ser. Todos lo sabemos. Incluso los hombres blancos heterosexuales con cuerpos saludables y mentes fuertes conocen el dolor de ser juzgado y limitado por las presuposiciones de los otros.



Uno no tiene que luchar con cuestiones de identidad para entender cómo se siente estar en medio. Todos experimentamos momentos intermedios. Momentos en que no estamos seguros de corresponder a un lugar o a otro. Momentos en los que el cambio nos toma por sorpresa, y nos deja un poco conmocionados y desorientados. Estos son momentos intermedios, y pueden ser difíciles, aunque los lugares y momentos intermedios también son increíblemente bellos. Llenos de posibilidades y de energía creativa. Hay lugares y momentos en los que hemos de tomar nuevas decisiones sobre nuestras vidas. Podemos recrearnos, renovar nuestra visión y nuestra esperanza.


Cuando trato de expresar el poder y la belleza de lo intermedio me inspiran el esplendor y la belleza del amanecer, así como la silenciosa tranquilidad del ocaso. En estos momentos, entre la noche y el día, nuestra visión se ajusta, nos damos tiempo para prepararnos para lo que sigue, y disfrutamos la belleza de lo que es. El crepúsculo es un momento real, un bello momento, y un momento necesario. No creo que ninguno de nosotros prefiera que la noche se torne día sin ninguna transición, como si alguien accionara un interruptor gigante. El impacto y el deslumbramiento sería excesivo.


Hay algo necesario y especial en lo intermedio. Cuando veo el mundo y veo la maldad, es frecuentemente en la forma de una dualidad reforzada. Somos nosotros. Son ellos. Los hombres son de Marte. Las mujeres son de Venus. La gente blanca es de una forma; la gente de color, de otra. Cuando imaginamos un mundo en el que fluya como agua la justicia, veo que esa inundación se lleva consigo las categorías y nos deja con el desorden intermedio, juntos, como seres humanos. En una de mis lecturas favoritas de nuestro himnario, Judy Chicago lo imaginó así:


Y entonces todo lo que nos había dividido nos fusionará
Y entonces la compasión se casará con el poder
Y entonces la suavidad llegará a un mundo que es áspero y grosero
Y entonces, tanto los hombres, como las mujeres serán amables
Y entonces, tanto los hombres, como las mujeres serán fuertes
Y entonces nadie estará a merced de la voluntad de otro
Y entonces todos serán ricos, libres y variados
Y entonces la avaricia de algunos dejará lugar a las necesidades de muchos
Y entonces todos compartirán con igualdad la abundancia de la Tierra
Y entonces todos cuidaran a los enfermos, a los débiles y a los viejos
Y entonces todos nutrirán a los jóvenes
Y entonces todos apreciaran a todas las criaturas vivientes
Y entonces todos vivirán en armonía entre sí y con la Tierra
Y entonces todos los lugares serán llamados Edén de nuevo.

Que así sea. Ashé. Benditos sean y Amén.






Sean Dennison: La integridad de lo intermedio -

lunes 19 de octubre de 2009

Junta Unitaria Pública 24.10.09 Día de las Naciones Unidas


La
Libre Congregación Unitaria de México (LCUM) te invita a participar con nosotros en nuestras actividades públicas en la Ciudad de México:



Sábado 24 de octubre
Celebración Unitaria Pública
Día de las Naciones Unidas: Por un mundo digno y seguro para tod@s
Habrá comida compartida


Luego de la Segunda Guerra Mundial, se fundó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 24 de octubre de 1945. La ONU es una asociación global de gobiernos que facilita la cooperación sobre la ley internacional, la seguridad, el desarrollo económico y la igualdad social. Con el objetivo de proteger los derechos humanos y conseguir la paz mundial, es un centro para que se comuniquen los gobiernos y desarrollen estrategias para alcanzar esos fines. Desde su fundación, el 24 de octubre ha sido llamado el Día de las Naciones Unidas. En 1971 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución que recomienda que este día sea observado como festividad pública por los estados miembros.

Para la celebración anual de esta fecha, la Oficina Unitaria Universalista para las Naciones Unidas (UUUNO) invita a las congregaciones e individuos unitarianos a profundizar en su entendimiento de las Naciones Unidas al dedicar un servicio de celebración en octubre para reafirmar los vínculos entre los principios unitarianos y las cuestiones cruciales con las que bregan las Naciones Unidas.


Qué es:
Como comunidad nos damos un momento de común unión, apartado de las terribles exigencias y del frenético ritmo de la vida moderna. Es un momento para 'centrarnos' --para reunirnos y entendernos, para recordar qué es lo más importante y cuáles son nuestros más elevados llamados, para honrar lo que consideramos sagrado. Juntos celebramos y lamentamos, cantamos y meditamos, hablamos claro y sustentamos nuestra paz. En comunidad reunida pensamos nuevas ideas, soñamos nuevos sueños, nos comprometemos a cambiar y nos entregamos al misterio. Sabemos que no estamos solos pues todos estamos vinculados.

Para quién:
Para integrantes, amigos y visitantes. Nuestras actividades públicas están abiertas a personas de cualquier persuasión religiosa (o de ninguna).

Cuándo:
Sábado 24 de octubre de 2009.

¿A qué hora?:
La cita para nuestras reuniones es a las 5pm.

Dónde:
Nos reunimos en la Casa de los Amigos, que está en la Calle de Ignacio Mariscal 132, ColoniaTabacalera, Delegación Cuauhtémoc, entre las calles de Ponciano Arriaga y José María Iglesias,una cuadra al Sur del Metro Revolución (STC-Metro Línea 2, o Metrobús Insurgentes).

Mapa:

Sugerencias:
Llegar puntualmente con disposición a participar. Puedes llevar algún alimento o bebida para la comida compartida, esta es una excelente oportunidad de convivir y platicar informalmente con los demás asisitentes.

Costo:
La participación en nuestras actividades públicas no tiene costo.



¿Qué es el unitarismo?

Mayores informes:

Teléfono: 5378.7808

Móvil: 04455.2021.1837

Correo electrónico: serviciounitario@gmail.com


Página de Facebook:

Grupo de correo electrónico:


domingo 18 de octubre de 2009

Las diez reglas para comportarse en la iglesia

Por el Revdo. Art Severance



1.- Inicia con la Regla de Oro; desde luego, ¡quizás sea todo lo que necesitas! Trata a la gente como querrías que te trataran a ti.

2.- Recuerda, mucha gente se enoja especialmente con quienes les hacen recordarse a sí mismos. A veces realmente estamos enojados con nosotros mismos.


3.- Sé lento para la ira y rápido para el perdón.


4.- El Mesías/Dios/Buda/etc. ya está entre nosotros, disfrazado. Podría ser incluso nuestro peor enemigo. ¿Cómo actuarías de manera diferente si lo supieras de cierto?



5.- Ocúpate más de ser y actuar amorosamente que de tener la razón.

6.- Si tu comportamiento fuera más como navideño, ¿lo considerarían más malvado o agradable? Ese viejo consejo para los niños conserva toda su pertinencia, tanto para los mensajes electrónicos, como para las conversaciones. Cuando estés enojado, cuenta hasta diez antes de hablar. Para los mensajes electrónicos, ¡espera 24 horas!



7.- Escucha completa y abiertamente sin dedicarte a pensar en ese momento lo que responderás para refutar lo que te dicen.

8.- Si tres personas te dicen que estás borracho, tómate una siesta.


9.- Trata a todo el mundo como si fueran tu amante (con delicada ternura).

10.- Debes estar atento al gran pecado del cinismo; a nadie le simpatiza el "Abogado del Diablo". Procura ser el "Abogado del Ángel".


domingo 4 de octubre de 2009

[Grupo Cáliz] ¿Crees que la vida sobre el planeta tierra está amenazada?



La
Libre Congregación Unitaria de México (LCUM) te invita a participar con nosotros en nuestras actividades públicas en la Ciudad de México:


Sábado 10 de octubre
¿Crees que la vida sobre el planeta tierra está amenazada?


"Nuestra visión no imagina que los viejos mundos son destruidos y los nuevos creados por el acto de un dios trascendente. Nosotros nos incluimos en el drama. Nos asignamos la tarea de desmantelar los imperios del mal y nos disponemos a labrar juntos el Nuevo Jerusalén." Rebecca Parker


¿Crees que vivimos en la era preapocalíptica, mesoapocalíptica o posapocalíptica? ¿Rechazas completamente la noción de 'apocalipsis'? ¿Qué impacto tiene en tu visión la idea del 'fin de los tiempos' sobre el 'ahora'?


Qué es:
Como comunidad nos damos un momento de común unión, apartado de las terribles exigencias y del frenético ritmo de la vida moderna. Es un momento para 'centrarnos' --para reunirnos y entendernos, para recordar qué es lo más importante y cuáles son nuestros más elevados llamados, para honrar lo que consideramos sagrado. Juntos celebramos y lamentamos, cantamos y meditamos, hablamos claro y sustentamos nuestra paz. En comunidad reunida pensamos nuevas ideas, soñamos nuevos sueños, nos comprometemos a cambiar y nos entregamos al misterio. Sabemos que no estamos solos pues todos estamos vinculados.

Para quién:
Para integrantes, amigos y visitantes. Nuestras actividades públicas están abiertas a personas de cualquier persuasión religiosa (o de ninguna).

¿A qué hora?:
La cita para nuestras reuniones es a las 5pm.

Dónde:
Nos reunimos en la Casa de los Amigos, que está en la Calle de Ignacio Mariscal 132, ColoniaTabacalera, Delegación Cuauhtémoc, entre las calles de Ponciano Arriaga y José María Iglesias,una cuadra al Sur del Metro Revolución (STC-Metro Línea 2, o Metrobús Insurgentes).

Mapa:

Sugerencias:
Llegar puntualmente con disposición a participar.

Costo:
La participación en nuestras actividades públicas no tiene costo.







¿Qué es el unitarismo?



Mayores informes:

Teléfono: 5378.7808

Móvil: 04455.2021.1837

Correo electrónico: serviciounitario@gmail.com


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viernes 2 de octubre de 2009

'Culpa', 'pecado' y 'salvación' para los liberales religiosos


Comité de Liturgia de la
Libre Congregación Unitaria de México




El tema del arrepentimiento en estos Días Terribles y en el Día de la Expiación de la tradición judía se ve impulsado por la idea de que cada año, el día del año nuevo judío, Rosh Hashaná, D-s escribe los nombres de la gente en varios libros. Los libros determinan quién ha de morir y sobrevivir el próximo año, quién tendrá una buena vida y quién una mala vida. Pero esto no está grabado en piedra. Hay 3 cosas que la gente puede hacer durante los Días Terribles que pueden alterar la sentencia de D-s: arrepentirse, orar y los actos buenos. Luego los libros se sellan en Yom Kipur. El saludo común entre los judíos en estos días es shaná tová, que es una forma abreviada de decir: "Que seas inscrito y sellado para un buen año".



El 'pecado'

Sin duda, muchas de las palabras y conceptos de la práctica religiosa tradicional resultan hoy intolerablemente opresivos y manipuladores. Muchas veces parecen más pensados para inhibir, reprimir y oprimir, más que para promover un florecimiento auténtico y libre de la personalidad humana.

Una idea decisiva es aquí el llamado 'pecado original'. Esta idea señala hacia la creencia de que la naturaleza humana sería inatamente depravada. Como una manera de rechazar esta perspectiva, algunos unitarios han llegado incluso a afirmar: “Creo en el pecado original: ¡Entre más original, mejor!”.

Escogemos ver a nuestro amado mundo como el lugar en el que lo divino se encarna. Buscamos lo sagrado en todo y rechazamos la idea de que sólo habitaría en un ámbito brumoso e inmaterial, más allá de la 'pecaminosa' esfera de lo humano.

Aunque en el proceso de rechazar esta doctrina inmoral y negadora de la vida, también podemos mostrar nuestro propio lado sombrío...

Irónicamente, como movimiento también solemos desplegar inadvertidamente nuestra propia forma de petulancia pagada de sí misma, nada diferente a la santurronería autoproclamada por quienes se dan ínfulas de superioridad religiosa sobre quienes no sean de su grupo.

Como estaríamos 'por encima' de las fes literalistas del pasado, podríamos simplemente desechar conceptos teológicos añejos como 'pecado' y 'salvación'. Pero, ¿saben qué? ¡No podemos!

El concepto de 'pecado' está en el mundo para bregar con el conocimiento humano de que a veces hay realmente algo terriblemente incorrecto. No podemos explicarlo y no sabemos qué hacer al respecto.

Hemos leído de violaciones, mutilaciones, asesinatos y torturas. Hemos observado con un horror inenarrable aviones secuestrados para estrellarlos contra edificios y así masacrar a miles de personas inocentes. Hemos observado a individuos que actúan de manera vil: a parejas que desgarran a sus hijos durante su divorcio, a autoridades que hostigan a las minorías, a monstruos que deliberadamente lastiman a los animales, a gobiernos que encarcelan a la gente por años sin asegurarles una sentencia expedita, ni un proceso justo. Como individuos hemos recibido tajos y puñaladas dirigidas al corazón por cosas que hicimos con las mejores intenciones. También hemos apuñalado a otros. Hemos sido traicionados. Hemos practicado la traición también nosotros.

Aunque es completamente apropiado y coherente celebrar la valía y dignidad de cada ser humano, hay más. Si no reconocemos que el pecado mora justo al lado de toda esta valía, reducimos nuestra fe a un mero 'buenismo' iluso. Si no logramos aceptar la tendencia humana a alejarse de lo bueno, estaríamos asumiendo una posición blandengue, irrelevante y sin ningún atisbo de carácter moral, con lo que les estaríamos dando la razón a nuestros detractores que nos acusan precisamente de esto mismo.

No creemos en la doctrina del Pecado Original, ¿pero acaso además estaríamos ciegos como para no creer en el común, ordinario y variadito pecado?



La 'salvación'

Entonces, ¿cómo sería la 'salvación' para nosotros?

El hermano David Steindl-Rast, un monje benedictino, rearticula así la palabra 'salvación': “…darte cuenta de tu vinculación con la totalidad…la pertenencia real; esto es la salvación”. Otro teólogo actual llama al pecado “alejamiento deliberado de Dios”. Romper la vinculación. El gran místico contemporáneo Matthew Fox acuñó la frase 'la bendición original'. Sostiene que la salvación reside en trabajar activamente para contribuir a la armonía de la creación, en trabajar activamente para mantener fuertes las vinculaciones; el pecado reside en dañar el orden y equilibrio de la creación. Dice que la salvación reside en hacer frente tenazmente a la obscuridad y la discordancia; el pecado es rehusarse a participar.

El pecado es hacer daño donde no se requiere de ningún daño. Romper las vinculaciones de la trama interdependiente de la que todos somos parte.

Describiríamos la salvación más como un despertar interior a la verdad de nuestra naturaleza y capacidades humanas. En este contexto la salvación sería el darnos cuenta a través de nuestra experiencia de la intervinculación fundamental que anima nuestra existencia. Esta experiencia se vincula con los conceptos tradicionales de la salvación, pero su referente no es una deidad encarnada, sino más bien la naturaleza misma. Sería como si una hoja, al flotar en el viento se sintiera muy separada y única respecto a las demás hojas, hasta que un día se dé cuenta de que está vinculada a algo y luego tenga un breve vislumbre del árbol. ¡Caray! Al mismo tiempo que la hoja es tan pequeña e insignificante, también se da cuenta de lo grandiosa y magnífica que es. Este sentimiento de unión con el principio de la vida, del que somos una expresión, es nuestra definición de salvación.



La 'culpa'

El ministro unitario Stephen P. Edington identifica 3 clases de 'culpa':

  • La que describe como “La culpa manipulativa... que proviene de algo o alguien externo a ti que busca convencerte de que 'tienes que' sentir culpa por algo por lo que no la sentirías usualmente”. Muchas religiones y muchos estilos de crianza paternal usan esta forma de culpa.

  • La culpa neurótica es la que asumimos sin ninguna razón. Como el caso de una persona que trabajó duro muchos años para pagarse sus estudios y ayudar a su familia y que, luego de que concluyó sus estudios y sus hermanos se valen por sí mismos, todavía se siente culpable de comprarse algo bonito para ella misma.

  • El único tipo de culpa que parece valioso es el de la culpa basada en la realidad. Edington la describe como “la conciencia de haber quebrantado la fe con lo que sabemos que es nuestro mejor yo posible, o de haber roto la confianza de alguien que confió en nosotros, o haber causado daños físicos, emocionales o espirituales”.

Este tipo de culpa es lo que el siquiatra Willard Gaylin menciona en su libro Feelings: “La culpa... es la emoción que da forma a mucha de nuestra bondad y generosidad. Nos señala cuando hemos transgredido los códigos de comportamiento que queremos personalmente sostener... Nos informa de que le hemos fallado a nuestros propios ideales. La culpa es el guardián de nuestra bondad”.



Yom Kipur: ¿Qué sentido pueden tener 'pecado', 'culpa' y 'salvación' para los liberales religiosos hoy -




Orden de Servicio de Yom Kipur 5770 -

jueves 24 de septiembre de 2009

Edward Frost:: Aprender a inclinarse




Por el Revdo. Dr. Edward Frost, Ministro Emérito de la Congregación Unitaria Universalista de Atlanta (Traducción: Francisco Javier Lagunes Gaitán)


Jack Kornfield es un maestro budista de los EUA. Su libro, "Un camino con amor", sigue siendo uno de los libros más significativos que llevo conmigo a lo largo de mi jornada espiritual. El nuevo libro de Kornfield se llama, "Primero el éxtasis, luego la lavandería". Trata esencialmente sobre cómo desmitificar la práctica espiritual, al revelar la necesidad de la vida espiritual como vida cotidiana –una vida de meditación, atención cuidadosa, plegarias, veneración, cambio de pañales, ir y venir del trabajo, y de lavandería.



En el prefacio a su libro, Kornfield escribe de sus primeros días como monje en Tailandia. Le costó trabajo aprender a reverenciar inclinándose, e inclinarse es central para la vía budista. Cada vez que los monjes entraban a la sala de meditación, ellos tenían que poner las rodillas en el suelo de piedra e inclinarse tres veces con su cabeza entre las palmas. Era una práctica de reverencia, una forma de demostrar su compromiso con la simplicidad, con la atención cuidadosa, y la compasión.


Aparentemente, Kornfield no se había familiarizado lo suficiente con la práctica de inclinarse. Luego de un corto tiempo, uno de los monjes superiores lo llamó en privado y le dijo, "En este monasterio no solo debes inclinarte al entrar a la sala, sino también cada vez que te encuentres con alguno más venerable". Kornfeld preguntó quiénes eran los más venerables a quienes le correspondía reverenciar. Eran, según le dijeron, todos los que lo precedían en su ordenación. En otras palabras, todos. Así que se inclinó ante todos. A veces era bastante fácil. Había muchos en ese monasterio que eran reconocidos ampliamente por su sabiduría y piedad.


Pero, escribe:


"Llegaría a encontrar (también) a un monje de 21 años, lleno de orgullo, que estaba ahí solo para complacer a sus padres o para poder comer mejor de lo que podría permitirse en su casa, y yo tenía que inclinarme ante él porque se había ordenado una semana antes que yo. O tenía que inclinarme ante un viejo y descuidado campesino quien había llegado al monasterio la temporada anterior para su retiro, y que mascaba nuez de betel constantemente y nunca había meditado ni un día en su vida. Era difícil reverenciar a uno de estos habitantes de la selva como si fueran grandes maestros".


Pero él trabajó con ahínco para encontrar una manera hacer valioso este inclinarse ante todos, darle un significado. Escribe:


"Comencé a buscar algún aspecto valioso de cada persona ante la que me inclinaba. Me inclinaba ante las arrugas del contorno de los ojos del campesino retirado, por todas las dificultades que habrían visto y sufrido, y superado. Me inclinaba ante la vitalidad y alegría de los monjes jóvenes, ante las increíbles posibilidades que cada una de sus vidas les ofrecía. Comencé a disfrutar de hacer reverencias. Me inclinaba ante mis superiores cuando entraban al salón de la cena y cuando salían. Me inclinaba al entrar a mi cabaña en la selva, y me inclinaba hacia la pared antes de tomar un baño. Luego de algún tiempo, reverenciar se volvió mi camino –era lo que hacía espontáneamente. Si se movía, lo reverenciaba."


Me parece que hay por lo menos dos aspectos que debemos considerar de este asunto de reverenciar. Uno es inclinarse como una forma de honrar, de mostrar respeto, y de demostrar humildad. El otro es inclinarse como una forma de dar la bienvenida o aceptar.


Los estadunidenses lo pasan difícil con esto de inclinarse. Esta dificultad sin duda tiene que ver la mentalidad independiente, el espíritu democrático arraigado por el rechazo revolucionario de todos los mitos y del derecho divino, la sangre real y los privilegios derivados de nacer en una 'alta cuna'. De ese orgulloso espíritu democrático, surge una actitud radical de igualdad absoluta que viene junto con una suspicacia puritana y antipapista hacia conceptos tales como, 'sagrado', 'santo', y 'reverencia' [la religiosidad de matriz calvinista puritana en los EUA incluyó un importante ingrediente de prejuicio anticatólico romano, que se expresa como 'antipapismo'].


La palabra clave de todo esto, desde luego, es 'orgullo'. El monje novicio primero debe vencer el orgullo. Kornfield debe superar la sensación de sentirse por encima de los monjes jóvenes y, desde luego, por encima de algún viejo campesino. ¿Y por qué es que el joven novicio –o cualquiera que se disponga a emprender el camino del crecimiento espiritual y personal–, por qué cualquiera habría de necesitar 'tragarse', o derrotar, su orgullo?




Porque el orgullo separa.


Nuestro dualismo occidental divide al mundo en sujeto y objeto. En este dualismo, somos sujetos arrogantes, los observadores, los amos del mundo de los objetos. Somos los herederos de aquel viejo dios patriarcal cuyo mandato era ir y someter la tierra.


Cuando Dios creó al hombre,[a]
lo creó a su imagen;
varón y mujer los creó,
y les dio su bendición:
«Tengan muchos, muchos hijos;
llenen el mundo y gobiérnenlo;
dominen a los peces y a las aves,
y a todos los animales que se arrastran.»
[b]” Gen 1,27-28 DHH [a. Hombre: heb. adam, designa aquí a todo el género humano; en otros pasajes, este mismo término tiene el valor de un nombre propio (Adán). Cf. Gn 4.25; b. Que se arrastran: otra posible traducción: que se mueven, en referencia a todos los seres terrestres].


Es una construcción llena de arrogancia, esta semejanza a la divinidad, esta misión de someter a la tierra. Es una construcción que nosotros –particularmente nosotros los occidentales– hemos animado y fortalecido hasta el punto de quedar alienados de la tierra, de las criaturas con las que compartimos la tierra, y de cualquiera de los integrantes de nuestra propia especie que no sea, según declaramos, como nosotros. La consecuencia para nosotros es un profundo sentido de soledad y aislamiento que nace de la separación, de la vaciedad de las vidas desconectadas de la naturaleza y de todo lo que 'no sea yo'. Todo aquello respecto a lo cual nos sentimos superiores es de lo que estamos separados. Y aquello de lo que estamos separados es una parte perdida de nosotros, porque no se trata, después de todo, de que todo nos pertenezca, sino de que pertenecemos al todo.


Aprender a inclinarse es una manera de reconciliarse y de revincularse. Inclinarse es una expresión de humildad, de una humildad en la que no somos disminuidos, sino en la que se honra y reconoce lo infinitamente valioso de aquello que reverenciamos, dado que se trata de un valor del que somos parte.


Se dice que la reverencia con las manos entrelazadas expresa esto: "El dios que está en mí saluda al dios que está en ti". Hay dos lecciones simples en eso –dos lecciones simples que puede tomar años de experiencia asimilar– que desde luego hay un dios en nosotros: divinidad, santidad, valor precioso; y que hay un dios en todos los demás. El Primer Principio del Unitarismo Universalista afirma esto, al proclamar la valía y dignidad inherentes a cada persona y el Séptimo Principio proclama que cada persona es parte de la trama interdependiente de toda la existencia. Aprender a inclinarse es una forma de aprender a derrotar el orgullo que nos separa de la totalidad y una forma de aprender a ser parte de la trama.




La inclinación puede ser figurada, desde luego –una suerte de actitud mental de reverencia y respeto. Pero sugiero que todos somos novicios en este camino, que no estamos preparados para atajos espirituales, y que debe servirnos bien oprimir las manos una contra la otra, en cada ocasión, 'para doblarle la espalda al orgullo', y experimentar de manera plena –física, mental y espiritualmente– la inclinación que nos vincula.


Pueden haber notado que tengo un breve ritual de inclinarme antes de entrar al púlpito. Se trata de un simple reconocimiento de que estoy a punto de atreverme a tomar parte en algo, algo de exagerada importancia, que es mucho mayor que yo.


Chris y yo visitamos un jardín japonés en Mount Desert Island, en Maine, hace un par de años. Conforme nos acercábamos al jardín, la joven que cuidaba el jardín de arena llegó a hacer su trabajo. Antes de dar un paso sobre el límite del jardín, ella se arrodilló, brevemente, e inclinó su cabeza. Pensé en ese momento cuán maravilloso es esto, qué regalo es contar con un trabajo garantizado por una inclinación antes de comenzar. Ahora pienso que tal vez el trabajo de cualquiera de nosotros podría ser transformado al inclinarnos antes de empezarlo, nuestra humildad concede una dimensión mayor a la tarea más ingrata.


El otro aspecto de inclinarse tiene que ver con dar la bienvenida o aceptar. Dar la bienvenida a la amable y soleada mañana; recibir con calidez la visita del amante y del amado; recibir al equipo de comunicación de la editorial; esta es la bienvenida fácil como la entendemos. Pero la feliz visita de los rayitos de luz solar, del amante, de la buena fortuna es solo una parte de la de la existencia y experiencia humanas. Y nosotros, los occidentales, con nuestras mentecillas compartimentalizadas, tenemos otro truco que otras culturas evitaron –y éste es dividir la existencia y la experiencia en bueno y malo, bienvenido y no bienvenido.




El poeta místico, derviche y persa Yalal ad-Din Muhammad Rumí (1207- 1273), lo expresó de esta manera:


Este humano ser es una casa de huéspedes.
Cada mañana una nueva llegada.
Una alegría, una depresión, una maldad,
un despertar momentáneo llega
como un visitante inesperado.


Dales la bienvenida y atiéndelos a todos.
Aún si se trata de una multitud de penas,
que violentamente arrasan tu casa
vaciándola de su mobiliario.


Sin embargo, trata a cada huésped honorablemente.
Puede estar despejándote
para una nueva delicia.


Al pensamiento obscuro, la vergüenza, la malicia
recíbelos en la puerta riéndote, e invítalos a pasar.


Siente gratitud por quienquiera que venga,
Porque cada uno ha sido enviado
Como una guía del más allá.


Bueno, odiaría decirles lo que le hubiera dicho a quien me hubiera leído ese poema hace algunos años, mientras me recuperaba de una cirugía del corazón. Hay poco o nada en nuestras culturas occidentales que apoye la idea de recibir cálidamente lo que sea que llegue a nosotros. La orgullosa cultura británica que me formó me dio a W. E. Henley, que escribió:


"Bajo la tiranía de la circunstancia, mi rostro no mostró dolor ni sollocé ruidosamente; bajo los garrotazos de la casualidad mi cabeza sangra, pero no se inclina. No importa cuán estrecha sea la entrada, ni qué tan cargado de castigo venga el rollo, soy el amo de mi destino. Capitán de mi alma". Añadan a eso un poco de lo que Rudyard Kipling escribió sobre cómo ser un hombre y tendrán a alguien que no recibirá cálidamente nada que no haya ordenado, que negará o combatirá a muerte cada intrusión, que "arderá en furia, furia contra la agonía de la luz". ¿Y qué es lo que obtenemos con esta firme posición contra las vicisitudes de la vida? Muy probablemente otro ataque cardiaco que nos aniquile. Pero nos iremos con bravura, sin habernos inclinado ante nada.


Es duro. ¿Inclinarse, dar la bienvenida, al fuerte golpe de aflicción por la muerte de un ser amado? ¿Inclinarse, recibir cálidamente al cáncer? Es difícil. Leo los libros. Escucho a los maestros. Y hago las prácticas de meditación. Pero lo digo así, cada sufrimiento que visita mi cuerpo, mente, o espíritu muy frecuentemente encuentra una fiera lucha que puede terminar, o no, en que me incline y le dé la bienvenida:


Tal vez esto es lo que se llama una practica espiritual.


Así que ¿por qué hacerlo? ¿Por qué aprender a inclinarse, para dar la bienvenida al sufrimiento, al temor, al dolor? Porque todo eso –como la belleza, el gozo y el amor–porque todo eso es inseparablemente, parte de la Verdad. Es. El Dolor es. El Miedo es. El Sufrimiento es. La Muerte es. Si uno desea vivir plenamente, si uno desea vivir en la Verdad, entonces uno debe estar dispuesto a abrir la puerta a lo que es, sea lo que sea, se trate del área de comunicación de la editorial o de los problemas.


"Este humano ser es una casa de huéspedes", escribió Rumí. "Cada mañana una nueva llegada". Y lo que nos expresa no es algún ideal, sino lo que es. No inclinarse ante todo lo que venga, intentar no dejar entrar nada a menos que se trate del Sr. Sesientebién, es tratar de vivir en un mundo falso de creencias complacientes. El Visitante, bienvenido o no, es. ¿Qué significa esto? ¿Acaso que haya que decir: "Hey, yupi. Mira, ¡Llegó el cáncer! ¡Que pase!"? ¿Significa dejar que la enfermedad, la aflicción, y el sufrimiento pasen adentro y se sienten, mientras esperamos que nos lleven consigo?


No, de ninguna manera. La aceptación no significa suicidarse. En cambio, la negación sí puede significar suicidarse. Invertir toda la energía de uno en enfurecerse contra la injusticia de Dios o del Universo puede ser suicida. Hundirse en la desesperación y la depresión puede resultar suicida. Inclinarse ante cualquier cosa que llegue no es tirarse a sus pies, rendirse ante el enemigo, pienso más bien desde el punto de vista de dar la bienvenida a lo que venga, de involucrarse con ello, de escucharlo –y sí, de aprender de ello.


Carl Sagan, luego de sobrevivir a una enfermedad casi fatal dijo, "Recomiendo a todo el mundo que pase por la experiencia de casi morir. Construye el carácter. Obtienes una perspectiva mucho más clara de lo que es importante, de lo precioso e invaluable de la vida".




Anne Lamotte escribe sobre la experiencia de un amigo suyo en su libro autobiográfico, Misericordias viajeras (Traveling Mercies), él tiene sida. Se inclina ante lo que es, hacia esa realidad en su vida –esto es, él da la bienvenida a toda su vida tal como es. Con eso, logra vivir tan plenamente como le es posible. Y dice que vive "una enfermedad que amenaza la vida".


Hay un fenómeno en sicología conocido como el 'síntoma secundario', como en la 'ansiedad secundaria' o la 'depresión secundaria'. Éste se expresa como "Oh Dios mío, estoy ansioso", o "Oh Dios, estoy deprimido". Esencialmente, se trata de pánico. En vez de inclinarse ante el visitante para comenzar una 'conversación', uno se pone a dar vueltas dando de gritos, y así sólo logra empeorar, con un miedo inútil, el sufrimiento que nos visita.




En un sermón reciente mencioné que estoy íntimamente familiarizado con la depresión. Frecuentemente soy llevado a recordar una canción clásica del cantante Paul Simon, "Hola obscuridad, mi vieja amiga". Ciertamente, la depresión no es una vieja amiga a la que vaya buscando cuando tengo una tarde libre. Pero he aprendido a inclinarme cuando me visita, esto es, a darle la bienvenida en tanto que es 'lo que es', tal como cada pequeña parte de la vida, como la belleza y el gozo. Me inclino ante ella para recibirla plenamente cuando llega. Vivo en ella, y a través de ella, y, cuando se va, recibo cálidamente a mi vida sin ella. Sé del todo bien que silbar una canción alegre no engaña a nadie, ni a mí, ni a quienes me rodean, ni al visitante; intentar clausurar la puerta y montar en ira contra tales visitantes solo sirve para hacerlos más fuertes, más resueltos y decididos, más perturbadores, más destructivos.


En el cierre del prefacio de su libro, Kornfield escribe:


"Inclinarse ante el hecho de que existen las penas y traiciones de nuestra vida es aceptarlas; y desde este gesto profundo descubrimos que el corazón alberga más libertad y compasión de la que podíamos imaginar". Esto, alguien podría decir, es la 'retribución', la recompensa por aprender a inclinarse para dar la bienvenida a lo que viene –el descubrimiento de que podemos abarcar más de la realidad completa, en la que podemos vivir, vivir con más de la realidad de toda la existencia. Cuando aprendemos eso, vivimos con menos miedo, con menos ira, con menos desesperación: y así, vivimos más vidas 'resistentes a las enfermedades'.


Alguien dijo, "Si vas a practicar el perdón, inicia con algo menor que el Holocausto". Si hemos de practicar la inclinación ante todos esos visitantes, es bueno empezar con cosas pequeñas, inclinarse hacia lo que nos enfurece, irrita o decepciona, y practicar la inclinación hasta que podamos abarcar más y más de todas las variedades y formas de toda la vida, de las luces y las sombras, del dolor y la paz.




Un Maestro dice, "Es… útil darse cuenta de que este mismo cuerpo que tenemos, que está sentado aquí y ahora… con sus dolores y placeres, es exactamente lo que necesitamos para ser completamente humanos, para estar completamente despiertos, para estar completamente vivos".





BENDICIÓN Mary Oliver (1935-) escribió:

Cuando llega la muerte
como un oso hambriento en otoño;
cuando llega la muerte y toma todas las monedas brillantes de su bolso
para comprarme, y su bolso chasquea al cerrar.


Quiero entrar por la puerta, llena de curiosidad, preguntándome:
¿Cómo será, esa cabaña de obscuridad?


Y, por consiguiente, lo miro todo
como una hermandad o sororidad…
y pienso en cada vida como una flor, tan común
como una margarita, y tan singular…
y cada cuerpo un león de coraje, y algo
precioso para la tierra.


Cuando haya terminado, quiero decir: toda mi vida
fui la consorte desposada del asombro.
fui el novio, que llevó al mundo en sus brazos.





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Edward Frost: Aprender a inclinarse -

miércoles 23 de septiembre de 2009

26.09.2009 Junta Unitaria: La 'culpa' y el 'pecado' para los liberales religiosos.




La Libre Congregación Unitaria de México (LCUM) te invita a participar con nosotros en nuestras actividades públicas en la Ciudad de México:



Sábado 26 de septiembre



Celebración Unitaria Pública
Yom Kipur:
¿Tienen sentido la 'culpa' y el 'pecado' para los liberales religiosos?
(Comida compartida)



Yom Kipur es el día del perdón o la expiación en la tradición judía. Es uno de los Yamim Noraim (hebreo, "los Días del Temor" o "Días terribles"). Los Yamim Noraim consisten en Rosh Hashaná (Año Nuevo), los diez días del arrepentimiento, y culminan con Yom Kipur. Este año Rosh Hashaná se celebró al atardecer del 18 de septiembre de 2009 (año 5770 del calendario judío), al ponerse el sol, y Yom Kipur se celebra al ponerse el sol el 27 de septiembre de 2009 (5770).



¿Podemos repensar en un sentido renovado al 'pecado', la 'culpa' y el 'arrepentimiento', en el marco de una visión religiosa liberal que no pretende manipular ni desempoderar a la gente?

¿Tiene sentido para la gente secularizada de buena voluntad de hoy reflexionar sobre estas categorías tradicionales de la práctica religiosa convencional?

¿Podemos proponer una visión de la salvación que no sea la concesión graciosa de una deidad autoritaria, sino que sea el producto de enfocarnos en una vida de integridad, aquí y ahora?



¿Cuándo?
El sábado 26 de septiembre de 2009.

Qué es:
Como comunidad nos damos un momento de común unión, apartado de las terribles exigencias y del frenético ritmo de la vida moderna. Es un momento para 'centrarnos' --para reunirnos y entendernos, para recordar qué es lo más importante y cuáles son nuestros más elevados llamados, para honrar lo que consideramos sagrado. Juntos celebramos y lamentamos, cantamos y meditamos, hablamos claro y sustentamos nuestra paz. En comunidad reunida pensamos nuevas ideas, soñamos nuevos sueños, nos comprometemos a cambiar y nos entregamos al misterio. Sabemos que no estamos solos pues todos estamos vinculados.

Para quién:
Para integrantes, amigos y visitantes. Nuestras actividades públicas están abiertas a personas de cualquier persuasión religiosa (o de ninguna).

¿A qué hora?:
La cita para nuestras reuniones es a las 5pm.

Dónde:
Nos reunimos en la Casa de los Amigos, que está en la Calle de Ignacio Mariscal 132, ColoniaTabacalera, Delegación Cuauhtémoc, entre las calles de Ponciano Arriaga y José María Iglesias,una cuadra al Sur del Metro Revolución (STC-Metro Línea 2, o Metrobús Insurgentes).

Mapa:

Sugerencias:
Llegar puntualmente con disposición a participar. Los días de Celebración Unitaria Pública, como este sábado 26 de septiembre, se realiza una comida compartida, con los alimentos y bebidas que los assistentes lleven para compartir.

Costo:
La participación en nuestras actividades públicas no tiene costo.


¿Qué es el unitarismo?




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lunes 21 de septiembre de 2009

Imágenes de la peregrinación a Transilvania






Mira, comenta y comparte las imágenes del peregrinaje a Transilvania 2009, raíz de la iglesia unitaria desde hace ya más de 450 años:


La Fortaleza de Déva, lugar del martirio del fundador del unitarismo en Transilvania, Ferenc Dávid (1510-1579):





Torda, lugar del primer Edicto de Libertad de Conciencia y Tolerancia Religiosa de la Europa Moderna, en 1568:


Gyulafehérvár, lugar donde están los restos del primer rey unitario, Juan Segismundo de Transilvania (1540-1571):





Kolozsvár, sede de la Iglesia Unitaria de Transilvania y del Colegio Unitario:




jueves 10 de septiembre de 2009

Grupo Cáliz: Experimentar tu vocación