miércoles, 11 de marzo de 2009

Vidas que cuenten


Dado por el Reverendo John Parker Manwell, en la Primera Iglesia Unitaria de Baltimore, Maryland, el día 2 de enero del 2000 (Trad. Fco.J. Lagunes Gaitán).



¿Qué mejor momento que el inicio del año de un nuevo siglo para considerar las vidas que llevamos?

Recuerdo una declaración de Diana Karr, el otoño pasado, que pareció transformar la energía del grupo que planea nuestro programa congregacional de crecimiento religioso para adultos. Dijo algo como esto: Al pedirme que presidiese el comité este año, vacilé. Mi vida estaba ya tan pletórica de actividades que me sentía rebasada. Pero entonces pensé, ¿acaso no es eso por lo que asisto a la iglesia, para contribuir a que mi vida cuente para algo? Así que dije: sí.

¿Cómo hacemos que nuestras vidas cuenten? ¿Cómo nos preparamos?



Norvell Smith estaba en 1° de secundario en Chicago. Muchos de sus compañeros de clase pertenecía a bandas delictivas y los disparos eran comunes cerca de la escuela. Varios niños fueron asesinados. Una vez, Norvell misma casi fue alcanzada por una bala perdida. Norvell decidió denunciar la situación en una oportunidad en que el Departamento de Policía patrocinó un concurso de oratoria. Aun después de encontrar una nota amenazadora en su casillero escolar, Norvell dio su discurso ante una asamblea de 1,000 estudiantes. Con gran pasión denunció a las bandas y a la violencia e hizo un llamado por escuelas más seguras. Incluso los miembros de las bandas se unieron en una ovación de 5 minutos. Eso la hizo ganar la atención de toda la ciudad y apareció públicamente con estudiantes activistas de muchas escuelas.



Norvell Smith encontró una reserva de valor en su corazón. La enfadaban los tiroteos y trascendió sus miedos. Denunció e hizo la diferencia. No se habría considerado preparada. Pero encontró el coraje cuando hacerlo contaba.

He conocido momentos en los que no he encontrado el coraje. No he denunciado. No he tomado ninguna acción. Todos hemos conocido momentos semejantes. Necesitamos práctica y la iglesia es el lugar para practicar. Necesitamos practicar para vencer nuestros miedos. Necesitamos desarrollar el hábito, la respuesta automática, para denunciar, para actuar, para hacer lo correcto. Podemos iniciar con cosas pequeñas. Al presentarse los desafíos mayores, tal vez estemos listos.

Pienso que la mayoría de nosotros necesita apoyo. Necesitamos del apoyo de otros que nos recuerden que somos buenas personas. Que nuestra apariencia, nuestra forma de hablar o vestir, así como los trabajos que tenemos no son las cosas más importantes. Que somos respetados por quienes somos y que confíen en que nuestros actos expresarán nuestra integridad, honestidad y cuidado. Así que, al llegar los desafíos, haremos lo correcto pues otros cuentan con nosotros.

Pero no se trata de coraje. El coraje es sólo una de las maneras en que nuestras vidas cuentan. Nuestras vidas cuentan al tocar otras vidas para mejorarlas. No se trata sólo de nuestro trabajo, ni sólo de lo que hacemos o creamos. Tiene que ver con la manera en que vivimos. Piensa en las personas que han tocado tu vida. Alguna gente, tal vez, tiene un impacto positivo en el mundo, incluso aunque los experimentemos como mordaces o irritantes. Pero hay una línea aquí, como la línea blanca de advertencia donde el camino cruza la vía del tren. De este lado de la línea, nos enfocamos en el bien de largo plazo y, para lograrlo, a veces debemos descuidar el bienestar de otros, e incluso imponerles penurias, quizás despedirlos del empleo. Y aún así procuramos tratarlos con respeto, dignidad e imparcialidad. Del otro lado de la línea, los tratamos como piezas de ajedrez, a ser movidas a nuestra conveniencia.



En última instancia, debemos medir nuestras vidas por cuánto nos ocupamos de la gente como individuos, así como por cómo tocamos sus vidas como individuos. Sentir profundamente en nuestras entrañas el dolor y la injusticia que otros experimentan es lo que nos capacita para vivir nuestras vidas de conformidad con los sueños grandiosos que guían nuestra labor por el cambio social y la justicia. O los sueños que nos llenan de energía para crear instituciones que provean de atención a la salud, educación, o de una comunidad para crear una música grandiosa, gran literatura, bellos edificios y espacios públicos.

Pero con mayor frecuencia, tocamos las vidas de los otros más directamente a través de la manera en que vivimos. Cada uno de nosotros tiene entrañables recuerdos de personas que han tocado nuestras vidas a lo largo de nuestro camino. Sean padres o maestros. Se trate de abuelos o tíos. Podrían ser los maestros que creyeron en nosotros, o los amigos que confiaron en nosotros, o incluso quienes bendijeron nuestros días con una sonrisa al pasar, como una secretaria, el tendero de la esquina, el conductor del autobús o el oficial de policía. Podrían ni siquiera enterarse de que habrían tocado nuestras vidas, pero la manera en que los recordemos será justo la manera como fueron.

Mis padres, ambos maestros, con frecuencia se encontraban a exalumnos que les hablaban de palabras o acciones hace mucho tiempo olvidadas que debieron haberles parecido muy ordinarias a mis padres, pero que, sin embargo tocaron de alguna manera las vidas de sus estudiantes. Hace algunos años conocí a una mujer, al escuchar mi nombre me preguntó por mi madre, pues me dijo que había tomado clases con ella hace 60 años.

Así es que con frecuencia creer en otros nos conduce a hacer más, a ir más allá. Oral Lee Brown, una bastante ordinaria vendedora de bienes raíces, conoció a una joven en una esquina y al principio no confió en ella. Pero en la tienda comenzó a entender la soledad de la vida de la chica. Nunca la volvió a ver, pero se había sembrado una semilla y su vida subsecuente no volvería a ser la misma. Lo reflexionó con detenimiento, pensó en todos aquellos cuyas vidas se desperdiciarían por no importarle a nadie. Pronto, estaba en la dirección escolar, compartiendo su sueño de garantizar a todos los estudiantes de la clase de primer año de primaria una educación universitaria. Luego de eso, cada día podía encontrársele en los salones y en los hogares de los niños, ocupada en conocer a los niños y a sus familias, así como dedicada a compartir su sueño de educación y de una vida plena.

Un última instancia, todas estas personas, pienso yo, son gente que ha sido capaz de decir '' a la vida, a veces desde sus años juveniles, a veces desde algún momento que transformó sus vidas. Aceptan y abrazan la vida, se abren hacia ella, hacia el dolor junto con la alegría.

Pocos de nosotros nacemos con un 'sí' en nuestros labios. Hay tanto que depende de la formación de nuestras vidas y de quienes nos rodean en nuestro desarrollo: nuestros padres y nuestra familia extendida; nuestros maestros, guías y consejeros; nuestros líderes religiosos.



La teóloga Delores S. Williams, al reflexionar sobre las fuentes de su fortaleza espiritual en su libro My Soul is a Witness [Mi alma es testigo], la atribuye a la sabiduría y al ejemplo de los “ancianos negros”. Si miramos a nuestro alrededor, ha habido gente así en las vidas de todos nosotros. Williams habla primero de la sabiduría esclava de la "Vieja Elizabeth", quien le enseño que “nunca buscara a nadie sino a Dios”. De la Vieja Elizabeth, dice Williams, aprendió que tendría momentos, como todos los tenemos, en los que:

Podría estar totalmente sola sin apoyo alguno. Entonces necesitaría alcanzar lo más profundo ... y encontrar apoyo y sostenimiento emocional. Este lugar más profundo tenía que ser abastecido e impulsado por algo más energético, sustentador y trascendente que el poder humano ... Experimenté esto cuando mi esposo murió repentinamente hace 7 años y me convertí en madre sola de cuatro niños.

Y en segundo lugar, dice, miró hacia la iglesia negra, el centro de la vida de la gente en el Sur segregado. Su gente “me enseño continuamente el poder y la fuerza de la comunidad”:

Era el lugar en el que a los niños negros se nos decía una y otra vez que éramos alguien. Era el lugar en el que se nos entrenaba para ser líderes, en el que se nos aconsejaba ser alguien que hiciese una diferencia positiva en el mundo para nuestra gente. Los ancianos negros en la iglesia, principalmente mujeres, eran los “soportes de la esperanza” que nos enseñaban a apegarnos fuertemente en nuestra memoria e imaginación al poder de la comunidad reunida para la fe y la acción.



Y en tercer lugar, ella lo atribuye a su madre, su abuela y sus tías, quienes me “con quienes aprendí la tradición de la oración afroamericana”. Desde la infancia, Williams recordaba a su madre decir con frecuencia, “abre un camino; rueda las piedras; establece un modelo para la gente”. Así que un día, ya adulta mientras preparaba un discurso, buscó esta referencia en la Biblia y no la pudo encontrar. Así que llamó a su madre, quien le explicó que era una improvisación que imitaba a Jeremías. “Pero tú y la abuela nos dijeron que ese texto venía de la Biblia”. No, su madre le recordó, nosotras sólo lo llamábamos la “Escritura”, por tratarse de sabiduría para la vida merecedora de ser tratada como escritura. Y Williams prosigue con su explicación:

esta ocupación de abrir el camino [y] rodar las piedras, fue la inspiración para mi implicación en el movimiento por los derechos civiles y en el movimiento de mujeres. Este relato familiar sobre esta escritura negra siempre estuvo en el corazón de la tradición de oración que estas mujeres enseñaron en mi familia ... Se trató del mandato de buscar la justicia que las mujeres de mi familia nos transmitieron.

Nuestras vidas no se forman plenamente con el nacimiento. También se forman, tanto por azar, como por elección por las oportunidades que escogemos tomar, por la iglesia y por la comunidad de que nos rodeamos. Y por los textos e historias que tomamos como escritura para nuestras vidas, en los cuales buscamos verdad y sabiduría.

No podemos saber cuándo hemos de ser sometidos a prueba. Pero podemos saber, más allá de cualquier duda, que habrán de venir tales momentos. ¿Denunciaremos? ¿Resistiremos? No podemos saber si estaremos listos. Pero sí podemos saber que es importante prepararnos. Ocuparnos de las fuentes de sabiduría en nuestras vidas y en nuestra cultura. Adquirir práctica en las pequeñas decisiones de nuestras vidas.


Bob Moses era un negro joven y talentoso. Tenía un posgrado de Harvard y enseñaba en una escuela privada de prestigio en el momento en que la prueba llegó a él: la prueba de resistir por los derechos de su gente, de cara a la opresión del Sur. Dejó su vida de privilegio y fue a las zonas rurales de Misisipí, a cargo de una partida de estudiantes en su “verano de la libertad”, en 1961. Los golpearon y les dispararon. Los insultaron y los torturaron. Pero no se rindieron. E hicieron que sus vidas contaran.

No sabemos cómo encontraron la fortaleza para seguir adelante. Sólo podemos preguntar, ¿cuáles son las fuentes de esa fuerza, de la tuya y de la mía? No sabemos qué los preparó para el momento de prueba. Sólo podemos preguntar, ¿cómo podemos prepararnos mejor nosotros?



Creo que para eso estamos en esta iglesia. Estamos para buscar y aprender juntos, para que podamos desarrollar una visión de la clase de mundo que queremos para nuestros hijos. ¿Cómo se vería un mundo basado en el amor de Dios y en la justicia de Dios? ¿En qué partecita de ese mundo nos sentimos llamados a hacer una diferencia?



Para algunos, para algunos será simplemente aprender a apreciar y a valorar positivamente a las otras personas para verlas también como hijas de Dios. Sonreír. Abrazar. Extender nuestras manos, reír y llorar juntos, así como estar presentes los unos para los otros con todos nosotros.

Para otros, será criar a nuestros hijos para que lleguen a ser a ser adultos bondadosos, comprensivos y competentes, capaces de ver a la totalidad del mundo como su familia, capaces de decir sí a la vida. O podría ser sobreponerse a las heridas, la ira y la desconfianza que nos aleja y nos separa de otros miembros de nuestra familia, para que todos podamos encontrar el amor que anhelamos dar y recibir.

Y para otros más, será buscar y ejercer estas mismas habilidades de construir puentes en el contexto mayor de la iglesia y la comunidad.

Habrá momentos de risa, así como de estudio y juego al trabajar. Habrá momentos de escape de la intensidad de nuestras vidas. La iglesia debe ser el lugar en el que aprendamos juntos, vivamos, riamos y amemos juntos, trabajemos y juguemos, sollocemos y nos regocijemos, pero principalmente y a lo largo de las demás actividades, cantemos nuestras canciones y compartamos nuestras historias.

Juntos, podemos hacer que nuestras vidas cuenten.



viernes, 6 de marzo de 2009

[Grupo Cáliz] Aquellos que han tocado nuestras vidas (14.03.2009)


La Libre Congregación Unitaria de México (LCUM) te invita a participar junto con nosotros en nuestras próximas actividades públicas:


El 14 de marzo de 2009:
(Grupo Cáliz: Aquellos que han tocado nuestras vidas)

El 28 de marzo de 2009:
(Celebración Unitaria Pública. Los cuáqueros y los unitarios: amigos de la verdad)



"Aquellos que han tocado nuestras vidas"

Grupo Cáliz (sábado 14 de marzo de 2009, 5pm)




Preparación para el
Grupo Cáliz este sábado 14 de marzo de 2009:

En nuestro viaje a través de la vida, mucha gente nos ha amado e inspirado, ha creído en nosotros y nos ha ayudado. Tomémonos el tiempo para recordar algunas de sus lecciones y sus regalos.


Piensa en tres personas que hayan tocado tu vida de una manera importante y positiva. Podrían ser personas vivas o muertas, reales o ficticias, gente que has conocido o de la que sólo has escuchado. Las siguientes son preguntas que podrías considerar para hablar sobre estas personas.

  1. ¿Cómo te enseñaron, ayudaron, amaron, inspiraron, desafiaron, o creyeron en ti?

  1. ¿Qué valores han demostrado estas personas que tu admiras?

  1. ¿Siguen sus acciones teniendo influencia en tu vida? ¿Por qué?

  1. Considera traer un recuerdo, una foto, un dibujo u otra obra de arte, o una breve lectura que asocies con los individuos que has escogido. ¿Por qué eso te recuerda a esa persona?



Fecha:
Sábado 14 de marzo de 2009

Hora:
5:00 PM

Qué es:
Un Grupo Cáliz es un espacio de intimidad espiritual, de diálogo libre, en el que compartimos desde nuestras visiones y experiencias, de corazón y nos otorgamos los unos a los otros nuestra más sagrada atención. Al concluir la sesión hacemos una comida compartida con lo que los asistentes lleven para compartir.

¿Para quién?:
Para integrantes, amigos y visitantes. Esta celebración unitaria pública está abierta a personas de cualquier persuasión religiosa (o de ninguna).

¿Dónde?:
Casa de los Amigos. Ignacio Mariscal #132 (entre Ponciano Arriaga y Jose Ma. Iglesias), Col. Tabacalera (una cuadra al sur del Metro Revolución-Línea 2 o Metrobús).

Recomendaciones:
Sería muy recomendable que reflexionaras sobre tu visión, experiencias y sentimientos acerca de los puntos sugeridos. Asistir puntualmente con disposición a participar. Para la comida compartida te invitamos a llevar algún alimento o bebida para compartir con los asistentes.

Costo:
La participación en este
Grupo Cáliz no tiene costo.



Mayores informes:

Teléfono: 5378.7808

Celular: 04455.2021.1837

Buzón electrónico:

serviciounitario@gmail.com

Bitácora de la Comunidad de la LCUM:
http://www.lcum.blogspot.com/

Grupo de la LCUM en: FACEBOOK


Grupo virtual de información, noticias y comunidad LCUM: http://mx.groups.yahoo.com/group/unitariosuniversalistasmexico/



jueves, 19 de febrero de 2009

Celebración del Día de Darwin y la Evolución. 3° Aniversario LCUM


La Libre Congregación Unitaria de México (LCUM) te invita a participar junto con nosotros en la Celebración Pública del Día de Darwin y la Evolución y al terminar en el Convivio de 3er. Aniversario de la LCUM, este sábado 28 de febrero de 2009 (próximas citas 14 y 28 de marzo de 2009):




Celebración Unitaria Pública (28 de febrero de 2009)



El Día de Darwin y la Sagrada Evolución



Elementos de la visión
darwiniana de la evolución

De su libro de 1859


  1. La ascendencia común Toda la vida en la tierra surgió de unos pocos ancestros comunes. Esta afirmación polémica nos puso en un mismo nivel con respecto a las otras especies de la tierra.


  1. El gradualismo El cambio de una especie toma más de unas pocas generaciones (como establecía la noción de la evolución según Jean Baptiste Lamarck). Esta polémica afirmación sugería que la tierra era mucho más antigua de lo que se pensaba.


  1. La especiación de las poblaciones El cambio de una especie es fragmentado y no generalizado a toda la especie. Mientras Lamarck afrimaba que todas las jirafas que vivían bajo árboles altos desarrollarían cuellos largos, Darwin sugirió que sólo algunas jirafas nacerían al azar con estas características.


  1. La selección natural Ciertos rasgos adquiridos al azar serían beneficiosos. Las jirafas con cuellos más largos podrían alcanzar más comida y por lo tanto estarían mejor nutridas y más saludables. Estas jirafas estarían mejor equipadas para sobrevivir y por lo tanto sería más probable que se aparearan con lo que pasarían el rasgo del cuello largo a su descendencia.




Presentación:

Participa con nosotros en esta celebración internacional de la ciencia y la humanidad, en el 200 aniversario del natalicio del gran biólogo evolucionista Charles Darwin y el 150 aniversario de la publicación de su libro El origen de las especies. Reflexionemos juntos sobre cómo cambió la religión ante esta nueva visión y sobre algunas perspectivas humanas actuales ante la evolución.




Fecha:
Sábado 28 de febrero de 2009.

Hora:
5:00 PM

Qué es:
Celebración, lectura, reflexión, música, ritual, seguidos de comida compartida (con lo que los asistentes quieran llevar para compartir).

¿Para quién?:
Para integrantes, amigos y visitantes. Esta celebración unitaria pública está abierta a personas de cualquier persuasión religiosa (o de ninguna).

¿Dónde?:
Casa de los Amigos. Ignacio Mariscal #132 (entre Ponciano Arriaga y Jose Ma. Iglesias), Col. Tabacalera (una cuadra al sur del Metro Revolución-línea 2 o Metrobús).

Recomendaciones:
Asistir puntualmente con disposición a participar. Para la comida compartida te invitamos a llevar algún alimento o bebida para compartir.

Costo:
La participación en esta celebración no tiene costo.




Mayores informes:

Teléfono: 5378.7808

Celular: 04455.2021.1837

Buzón electrónico:
serviciounitario@gmail.com

Bitácora de la Comunidad de la LCUM:
http://www.lcum.blogspot.com/

Grupo de la LCUM en: FACEBOOK


Grupo virtual de información, noticias y comunidad LCUM: http://mx.groups.yahoo.com/group/unitariosuniversalistasmexico/

martes, 17 de febrero de 2009

¡UUps!... ¿Y ahora qué? Hacia una teología unitaria universalista del pecado



Estamos en un mes nuevo, en un nuevo año. Algo en estos primeros días de enero parece invitarme a mirar alrededor, a poner atención, a hacer un balance. “¿Qué es necesario vaciar, limpiar u ordenar?” Me pongo a preguntarme. Tal vez trate de poner un poco de orden en mi escritorio, en una repisa, o en unos cuantos cajones. Mientras mis manos trabajan, otra parte de mí mira hacia dentro, hacia mi alma. Me pregunto, “¿Qué partes de mi vida necesito vaciar, limpiar y ordenar? ¿Hay lugares en mi alma en los que no todo esté bien? ¿En qué me he quedado corta? ¿Cómo puedo hacer enmendarme? ¿Qué necesito para hacer las cosas bien?”


Desde luego, me refiero a la palabra que han mirado en el título del sermón del día de hoy, la palabra 'pecado', se preguntarán pero qué carambas irá a decirnos Jan esta semana y en esta ocasión. Me imagino que para muchos de nosotros la palabra 'pecado' trae consigo toda clase de asociaciones y que la mayoría de ellas no son agradables. Al escuchar la palabra 'pecado' nos imaginaríamos generalmente a alguien que pretendería decirnos qué es lo que debemos hacer y qué no hacer, que al mismo tiempo nos juzgase a causa de transgresiones a veces triviales, a veces imaginarias y otras veces muy reales.


Los tiempos que vivimos no nos permiten ignorar las realidades de fechorías y maldad en nuestro mundo. Nuestra vida pública y colectiva parece dirigida por la deshonestidad y el escándalo. Está muy de moda en ciertos círculos decir del estilo de “Soy una persona espiritual, pero no religiosa”. Y aún así, las gentes seguimos en busca de la clase de fundamento moral y ético que, por generaciones, los humanos hemos encontrado en las tradiciones religiosas de nuestro mundo. La angustia a veces no expresada de vivir en el mundo posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001, pienso yo, un vehemente deseo de encontrar nuestras amarras, algo que nos ayude por las incertidumbres de las aguas de la vida. Anhelamos regresar a los aspectos más simples e importantes de la vida moralmente correcta.


Hace algunos años, la Biblioteca Pública de Nueva York y la Editorial Oxford University patrocinaron una serie de conferencias sobre los siete pecados capitales. Estas conferencias aparecen en una serie de 7 libros que me inspiraron a iniciar una serie de sermones que inicio con la perspectiva unitaria universalista sobre el pecado y, salteados durante los próximos dos meses platicaremos sobre 3 de los llamados 'pecados capitales': la soberbia, la avaricia y la ira (decidí dejar de lado, por ahora, a otros 4 pecados capitales: la envidia, la gula, la pereza y la lujuria. Si mueren por saber más de estos temas, les recomiendo los libros mencionados).


Puede que pensemos algo como: “¿'Pecado'? Eso no se aplicaría para nosotros. Pero si somos unitarios universalistas. Nosotros no 'pecamos'. Esa es una idea anticuada, ya no es útil. Nos gusta pensar en nosotros mismos como listos, ilustrados. No necesitamos pensar en el pecado. No somos así”. No estoy de acuerdo con semejante opinión. El pecado somos nosotros, todos nosotros.



'Pecado' puede ser una palabra dura para los unitarios universalistas. Alguna gente bastante considerada y articulada, incluso algunos unitarios universalistas, ha criticado un enfoque ingenuo sobre nuestra fe, pues dicen que nosotros 'nos engañaríamos a nosotros mismos al adoptar una visión falsamente positiva' sobre las cuestiones difíciles de la vida, como el pecado y el mal. Algunos han juzgado al unitarismo como 'débil' o 'insubstancial', con demasiado poco que decir sobre los desafíos de la vida real que podemos enfrentar al tratar de vivir vidas decentes como seres imperfectos en un mundo imperfecto.


Durante algunas décadas el unitarismo, es verdad, no ha tenido mucho que decir sobre el concepto de 'pecado'. Nos han desagradado, tanto la palabra, como la idea. Algunos pensadores en nuestra tradición de fe comienzan a decir que esto es un error, y estoy de acuerdo con ellos. Es hora de enfrentar el hecho de que todos nos quedamos cortos, inclusive quienes trabajan más duro, se organiza mejor, o tienen mayores logros entre nosotros. Es hora de admitir que todos somos humanos. Ignoramos por nuestra cuenta y riesgo nuestros defectos individuales y colectivos, nuestros 'pecados'.


¿Y cómo llegamos hasta aquí? Algo de perspectiva histórica puede resultarnos de utilidad. Nuestros antecesores unitarios y universalistas de los siglos XVIII y XIX rechazaron la noción tradicional del pecado original, la idea de que todos nacimos con el pecado a cuestas, de que, debido a lo que la Biblia dice que pasó con Adán y Eva en el Jardín del Edén, la naturaleza inherente del genero humano estaría llena de pecado. Mientras que sus oponentes teológicos predicaban la “total depravación del hombre”, nuestros antecesores espirituales eran radicales religiosos, incluso revolucionarios, quienes justa y debidamente se afirmaron y dijeron: “¡No! Eso no es correcto. Todos compartimos una 'semejanza a Dios', todos somos básicamente buenos de corazón. Todos somos hijos de Dios”.



Que conste que yo no creo en el pecado original e imagino que la mayoría de los presentes estaremos de acuerdo en esto.


No creo que todos seamos inherentemente malos,ni criaturas pecaminosas. Creo que todos somos hijos de Dios. Y creo que todos habremos de cometer errores, que nadie de nosotros somos perfectos y que parte de la tarea de ser humanos es aprender cómo admitir nuestros errores y comenzar de nuevo. Cada día puede ser un ejercicio de perdón.


Cuando las familias me preguntan sobre la ceremonia de dedicación de infante y sobre cómo difiere del bautismo, siempre les explico que, en tanto que unitarios universalistas, no creemos en el pecado original. No creemos que ningún bebé nazca con pecado. No creemos que haya ningún pecado que requiera de ser lavado. Nosotros creemos que cada nueva vida es un hijo de Dios, que todo niño es una bendición, con nuestro toque de agua damos gracias por este niño y dedicamos a este joven a una vida de amor y compasión por toda la humanidad. Nuestras ceremonias de dedicación de infante tienen su raíz en nuestra convicción de que cada uno de nosotros lleva dentro de sí una chispa de lo divino.



"Está bien, así que no se creen eso del pecado original”, podrían decir algunos de ustedes. “¿Pero qué es lo que creen los unitarios universalistas sobre el pecado, ustedes sabes, sobre el pecado cotidiano?” Esta pregunta surge en la vida real. Levantaba pesas en mi clase de acondicionamiento un día de esta semana, cuando una compañera de mi clase, que no es UU, me preguntó por casualidad, “Eres la pastora de la Iglesia Universalista, ¿no es así?” “Sí”, le dije animada, pero a la espera de lo que podría venir inmediatamente. Y luego vinieron las preguntas. “¿Y entonces en qué cree su iglesia? ¿Qué dice su doctrina sobre ...? Y continuó preguntándome sobre muchas cosas. Me hizo algunas preguntas realmente buenas, preguntas teológicas de sondeo. Sabía de lo que hablaba.


Sus preguntas fueron bien pensadas y sinceras. Pero ahí estaba yo, sudando la gota gorda en más de una manera, hacía mi mejor esfuerzo para responder, muy sucíntamente, algunas preguntas complejas sobre nuestra fe. Tal vez a lo largo de las vacaciones decembrinas unos suegros nerviosos les hayan hecho preguntas parecidas.


Una de las primeras cosas que tuve que decir a mi amiga es que los unitarios universalistas no tenemos doctrinas oficiales, ni sobre el pecado, ni sobre nada. No somos una fe basada en credos, le dije. No tenemos un conjunto de creencias oficiales que exijamos que sean aceptadas por nuestros integrantes. En nuestra iglesia, le dije, la gente es libre de determinar sus propias creencias (y luego alguien más, cerca de nosotros, se calló y comenzó a escuchar cuidadosamente la conversación). Somos más bien una fe basada en un pacto, convenio o alianza, esto significa que nos hacemos una promesa, los unos a los otros, sobre cómo procuraremos tratarnos los unos a los otros y cómo procuraremos vivir nuestras vidas.


Las promesas que hacemos están en nuestra afirmación como comunidad de fe, con palabras sobre el amor y el servicio, así como el voto de ayudarnos mutuamente. Las promesas que hacemos están en nuestra bendición, con palabras sobre la paz, el coraje y los votos de apegarnos a lo que es bueno, a no retribuir a nadie mal con mal, a fortalecer, apoyar y ayudar a nuestras hermanas y hermanos. Podemos tener toda clase de ideas diferentes sobre Dios, Jesús, la Biblia, o lo que ocurra luego de morir, pero estamos de acuerdo en cómo tratamos de vivir esta vida. Uso las palabras 'procurar' o 'intentar' con toda la intención, puesto que todos nos quedamos cortos. Como lo dije antes, el pecado somos nosotros, todos nosotros.


No es fácil encarar a nuestros pecados. Preferimos enfocarnos en lo que hacemos correctamente y en lo que hacemos bien, a la vez que tratamos de no pensar mucho sobre las ocasiones en nuestra vida, para decirlo en lenguaje cotidiano, 'la regamos'. Pero cuando algo no le parece correcto a mi alma, sé que mi cuerpo tiene alguna manera de llamar mi atención. Tal vez también la suya: cuando el dolor de cabeza no se va, con la noche de insomnio, el nudo en tu estómago, la mente que no se tranquiliza. Tanto el acto de 'regarla', como el cuerpo y el alma que claman cuando lo hacemos son parte de ser humanos. Pretender lo contrario sería, tanto una locura, como ridícula vanidad.


¿Entonces qué es el 'pecado'? El pecado es un corte, una separación, una desconexión. Imaginemos que estuviéramos todos vinculados por un lazo invisible, todos conectados los unos a los otros, todos vinculados a nuestro Dios o Espíritu de la Vida. Podrías pensar este lazo como una línea de vida. El pecado corta la cuerda, corta la línea de vida, nos deja desconectados, nos separa de todo lo que da y sostiene la vida.


El 'pecado', dice Frederick Buechner (1926-) "es cualquier cosa que hagas o dejes de hacer que empuje (o aleje a otras personas)” ... , que "amplíe la separación” entre tú y Dios ."Dios (si es que crees en Dios, dice él) o (si sucede que no creas) el mundo, la sociedad, la naturaleza –como sea (dice él) que llames a ese todo mayor del que eres parte”. "El pecado...,” dice, "amplía la separación entre tú y ello, y también la separación contigo mismo”. El pecado es lo que amplía la separación y hay tres formas en las que esto puede suceder. Podemos ampliar el vacío entre nosotros con los demás, entre nosotros y Dios (como sea que lo entiendas) y entre nosotros y nuestro verdadero ser.


El pecado puede ser individual, lo que nos hacemos a nosotros mismos. Podemos hacer inventarios de nuestras almas en este momento, tal vez al ocuparnos de nuestro propios abedules, la mayoría de nosotros pueda recordar los momentos en que nuestra soberbia alejó a alguien de nosotros, los momentos de ira en que sostuvimos un puño cerrado y nos rehusamos a contenernos ampliaron la separación en la relación, los momentos en que nuestra propia avaricia creó un amplio abismo entre el yo exterior que el mundo ve y el núcleo de quién somos realmente en nuestras almas nuestro verdadero yo. Los inventarios del alma pueden ser una tarea difícil.



El pecado también puede ser colectivo, lo que hacemos, como pueblo, juntos. Nuestros pecados colectivos a veces son más fáciles de notar y de hablar al respecto que nuestros pecados individuales, pero los pecados que cometemos como pueblo pueden ser más difíciles de solucionar. Hay signos de pecado por todo a nuestro alrededor en este mundo. Es un pecado que los niños se vayan a dormir hambrientos en una tierra de plenitud. Es un pecado que cualquiera carezca de un lugar seguro para pasar la noche. Es un pecado que la avaricia y el desperdicio estén acabando con la vida misma en en este planeta que nos permite respirar. Ustedes y yo podríamos hacer una larga lista.


Si mencionamos nuestro pecados para afrontarlos y nombrarlos, y si nuestros pecados colectivos parecen demasiado difíciles de arreglar, ¿para qué molestarse? ¿Para qué pensar sobre estas cosas? ¿Para qué usar siquiera la palabra 'pecado'? Como yo lo veo, estamos aquí, en este planeta, para aprender a ser humanos, para ser reales y eso a veces significa que nos encontramos en medio de los desmanes de la vida, algunos de ellos de nuestra propia hechura. Para parafrasear a Anne Lamott, las lecciones están en los desmanes. Estamos aquí para aprender las lecciones. Pretender que seríamos demasiado buenos para tener alguna responsabilidad en la hechura de nuestros propios desmanes no nos hace mejores gentes y seguramente no nos ayuda a volvernos más reales.


No importa cuán elevados sean nuestros estándares, ni cuán firmes sean nuestros principios todos nos tropezamos, todos y cada uno de nosotros. Somos mucho mejores si afrontamos nuestros errores, si admitimos nuestros defectos con humildad de corazón. Un corazón humilde, como Sue Monk Kidd nos lo dijo, nos mantiene humanos, nos mantiene reales.


Puedes pensar en nuestros pecados, los tuyos y los míos, como en grietas en nuestras conchas. El corazón humilde no teme a sus grietas. El místico y teólogo alemán del siglo XIV, Meister Eckhart, escribió una vez, “La concha debe romperse completamente si es que lo que está dentro de ella ha de salir, pues si quieres la carne del núcleo, has de romper la concha”. La gran lección de la vida es aprender a ver, a ver más allá de las conchas agrietadas y rotas que todos llevamos, a vernos mutuamente, a ver en nosotros mismos las almas brillantes que somos y sostener amorosamente a todas las almas.